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Alexander Arciniegas
Miércoles 17 de enero de 2024 - 12:00 PM

La mano dura no basta

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El agravamiento de la crisis ecuatoriana es tanto un asunto de seguridad regional y un espejo para los países vecinos que también enfrentan la amenaza del crimen organizado.

Lo que hoy vemos allí, es la consecuencia de una combinación de factores que van desde los efectos nefastos de las políticas neoliberales retomadas por los gobiernos de Lenín Moreno y Guillermo Lasso; la penetración del crimen en el Estado cooptando no solo jueces, fiscales y abogados, vale recordar los vínculos del cuñado del expresidente Lasso con la mafia albanesa, A lo que se agregan, la dolarización que facilitó los negocios de los carteles mexicanos y la paulatina atomización de la criminalidad organizada doméstica.

El más reciente episodio de esta crisis que llevó a la declaratoria de Estado de excepción por parte del gobierno de Daniel Noboa, arrancó con la fuga de dos capos de la mafia ecuatoriana, seguidos de cruentes motines en las cárceles y de la militarización de las calles y presidios. El decreto presidencial que declaró un “conflicto armado interno” visibilizó 22 organizaciones criminales calificándolas como terroristas.

Entre estas las dos más poderosas son: “Los Choneros” surgidos a finales de los noventa vinculados a los narcos colombianos, aunque ahora trabajan para el Cartel de Sinaloa. De otro lado están “Los Lobos” aliados del Cartel Jalisco Nueva Generación quienes emergieron en 2019 y hoy son los principales enemigos de “Los Choneros” por el control de sus actividades criminales. Tales agrupaciones aglutinan alrededor de 20 mil integrantes y han hecho de las cárceles sus centros de operaciones.

En este clima de inseguridad el recién llegado presidente Noboa ha podido asegurarse una bandera clara que puede facilitar su gobernabilidad en un contexto en que su partido tiene problemas para construir mayorías en el legislativo. Pero por otro lado, su aparente intento por emular las políticas predominantemente represivas de Bukele, no constituye propiamente una novedad pues el gobierno Lasso también apeló la militarización y al estado de excepción.

En la medida en que Noboa durante su mandato que será de apenas año y medio se atrinchere en las políticas de mano dura como lo sugiere su “plan Fénix”, es difícil que la crisis de seguridad del Ecuador se pueda revertir de manera sostenible y en cambio se corre el riesgo de graves violaciones a los derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas. Ojalá algún día nuestros gobernantes, independiente de su ideología, entiendan que la “mano dura” no basta.

Alexander Arciniegas Carreño

politicainternacional1648@gmail.com

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