jueves 05 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

La patria boba

Si la utopía está en el horizonte de las socie-dades para permitirles avanzar, hoy más que nun-ca hay que reivindicar la utopía de la paz
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El rearme de ‘Márquez’ y su gente es un golpe al proceso de paz en el que el país se empeñó en los últimos años; pero sobre todo, evidencia una bicentenaria propensión al plomo para dirimir nuestras diferencias políticas, ahí están las guerras civiles del XIX, los 200.000 muertos de la Violencia y el desmadre de décadas de guerrillas, paras y narcos en el que a muchos nos ha tocado vivir.

A medida que el humo de la confrontación pareció disiparse, este país pudo, por fin, mirarse en el espejo de sus problemas fundamentales: la corrupción, la desigualdad, la crisis de la salud y la educación. Pero al parecer, pudieron más los inconfesables intereses de los usufructuarios de toda esta iniquidad, quienes manipulan a su antojo el imaginario de un país traumatizado por la violencia en el que no parece posible otra cotidianidad distinta a las masacres, las recompensas, las amenazas y asesinatos políticos y la mordaza al periodismo independiente.

La nuestra es una patria boba, que hechizada por las elocuentes mentiras del hombre que se le atravesó a la Paz, como diría el New York Times, consideró que la justicia transicional y la participación política eran concesiones inaceptables. Aquellos que cayeron en la trampa de “la Paz sí, pero no así” quizás son los mismos que hoy ingenuamente aplauden a un Gobierno decidido a reanudar una guerra fratricida con potenciales alcances internacionales, con una estrategia que en 2008 mostró sus límites militares y de DDHH; unas FFAA cuestionadas y un Ministro de Defensa incapaz.

Si la utopía está en el horizonte de las sociedades para permitirles avanzar, hoy más que nunca hay que reivindicar la utopía de la paz, como lo hicieron los jóvenes en los días que siguieron al Plebiscito.

Si dejamos el bien más preciado al que puede aspirar Colombia únicamente en manos de un Presidente sin independencia, corremos el riesgo de consumirnos nuevamente en esa vorágine de violencia inútil que resume nuestra existencia como nación.

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