jueves 30 de enero de 2020 - 12:00 AM

Los DD.HH. en picada

El escenario también es complejo en Chile, Ecuador y Colombia donde cometieron numerosos y gravísimos excesos contra manifestantes en las protestas de los últimos meses.
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El reporte 2020 de Human Rights Watch sobre derechos humanos en las Américas reafirma el grave panorama que viene de tiempo atrás y es correlato del deterioro de la democracia que inició con el golpe en Honduras en 2009 y cuyo episodio más reciente fue la instalación del gobierno de Jeanine Añez en Bolivia apoyado en la intervención política de las FF.AA. A este oscuro panorama han contribuido políticos como Trump, Bolsonaro y Giammattei, cuyos discursos demagógicos expresan desprecio por las minorías y los derechos humanos.

El escenario no solo es preocupante en Venezuela o Nicaragua de los que se suele hablar en los medios internacionales, sino en Estados Unidos donde Trump no solo discrimina a negros y latinos, sino que persigue cruelmente a los migrantes. En Brasil el gobierno Bolsonaro reivindica el discurso nazista; discrimina a negros e indígenas; promueve la tortura en un país con altas tasas de abuso policial, al tiempo que estigmatiza a quienes se oponen a sus políticas destructoras de la Amazonía.

En Honduras, El Salvador, Guatemala y México, a la violencia del crimen organizado se suman torturas y desapariciones cometidas por las fuerzas de seguridad. El escenario también es complejo en Chile, Ecuador y Colombia donde cometieron numerosos y gravísimos excesos contra manifestantes en las protestas de los últimos meses. La propia HRW calificó como “gravísimos” los abusos de los Carabineros chilenos y le jaló las orejas al gobierno colombiano en el caso de Dilan Cruz.

En Colombia la cosa es aún peor debido al resurgimiento de las “chuzadas” en contra de políticos de oposición, periodista y magistrados; y a la acción criminal del ELN, las disidencias de las antiguas FARC, y las bandas herederas del paramilitarismo que sirve de marco al impune exterminio de excombatientes y lideresas sociales como ocurrió recientemente con un dirigente comunal en el Catatumbo, mientras tanto, el gobierno como la sociedad prefieren mirar para otro lado. Esta persistente “fractura humana” como diría Francisco de Roux es, quizás, nuestra mayor tragedia.

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