jueves 09 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Marchemos por Santurbán

Los argumentos jurídicos, técnicos y éticos para que defendamos el páramo son tan rotundos como su belleza

En noviembre de 2017, durante la visita del presidente Santos a Emiratos Árabes, el Estado colombiano suscribió un Acuerdo de Protección de Inversiones con ese país propietario de Minesa, la multinacional que está empeñada en sacar el oro de Santurban.

Con ello, Santos probablemente quiso tranquilizar a los árabes, pues un mes después la Alna objetó el estudio ambiental para el proyecto minero Soto Norte; esto considerando cuestiones como su impacto sobre la disponibilidad de agua para más de tres millones de habitantes situados en su zona de influencia.

Ahora bien, volviendo al acuerdo, llama la atención que el artículo 2 excluyera los recursos naturales únicamente en el caso de Emiratos Árabes. Y también, que en virtud del artículo 16 se estableciera acudir a tribunales de arbitraje como el CIACI del Banco Mundial, ante eventuales controversias.

Es inquietante que no haya sido Colombia el destino de las inversiones emiratíes en el sector minero y petrolero, el país que blindara sus recursos naturales en el Acuerdo y, por otro lado, que se aceptara la formula del arbitraje supranacional aun cuando, como advierte la ONG MiningWatch, este instrumento viene siendo utilizado por las mineras internacionales para saltarse los tribunales nacionales presentando demandas temerarias en contra de los países latinoamericanos. De hecho, desde 2016, cuando la Corte Constitucional prohibió la minería en páramos, Colombia enfrenta varias demandas como la de la canadiense Eco Oro Minerals, que reclama ante el CIADI una compensación por US$746 millones, por la suspensión de su licencia minera en Santurbán.

La irresponsabilidad de nuestros dirigentes también se evidencia en la administración Duque, considerando su irracional defensa del glifosato y el fracking; lo que siembra dudas sobre la imparcialidad de sus decisiones en relación con las pretensiones de Minesa.

Por ello, el día de mañana los santandereanos debemos protagonizar un hecho político que no pueda ser ignorado gratuitamente en Bogotá.

Los argumentos jurídicos, técnicos y éticos para que defendamos el páramo son tan rotundos como su belleza.

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