jueves 02 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Alexander Arciniegas

Perdimos

Como hace 4 años las elecciones locales y regionales no dejaron mayores sorpresas y si muchas frustraciones. Frustración entre aquellos hombres y mujeres que, con buenas hojas de vida, con ideas y, sobre todo, sin decirle mentiras a la gente, tuvieron la audacia de competir en una campaña en donde las propuestas fueron inversamente proporcionales al cinismo y a los ríos de plata.

Ganaron los clanes y clanecitos que hacen campaña con los millones de la corrupción en las obras públicas; esas maquinarias que elección tras elección han perfeccionado un know how basado en la compra de líderes y de votos. Nos demostraron otra vez que tienen el poder de transformar en concejales, alcaldes, diputados y hasta en gobernadores, a muchos personajes con vidas poco ejemplares; con investigaciones pendientes en la Fiscalía y con un limitadísimo conocimiento y experiencia en el manejo de la Administración Pública.

Mientras tanto, la mediocridad y poca independencia de muchas de las nuevas autoridades electas el domingo pasado, plantea interrogantes sobre como los municipios y departamentos van a diseñar e implementar políticas públicas que permitan la participación efectiva de los ciudadanos en lugar de atender la desaforada ambición de poderosos y muchas veces oscuros, grupos de interés.

Y mientras los problemas ambientales, socioeconómicos, de seguridad y movilidad se siguen acumulando, dificultando la vida en los pequeños municipios y haciendo más invivibles las grandes ciudades, amplios sectores ciudadanos corren el riesgo de quedar atrapados entre la apatía frente a la política o en la ciega indignación de los lleva a votar por candidatos que elección tras elección, se maquillan como independientes y posan de bravucones.

En todo el país volvieron a ganar los clanes y clanecitos, al tiempo que perdimos los ciudadanos que creemos firmemente que los recursos públicos son intocables y que la defensa de los derechos humanos, la equidad de género y del Estado laico es pilar insustituible de una verdadera democracia. Sin embargo, y justamente por eso, es que no podemos perder la esperanza.

politicainternacional1648@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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