sábado 08 de mayo de 2010 - 10:00 AM

Crímenes y guerras

Guerras y crímenes son la misma cosa. La matanza de Katyn (Rusia) fue espantable, cuando fueron ejecutados (tiros en la nuca) más de 22.000 polacos civiles y militares para dejar sin dirigencia el país y dominarlo más fácilmente. Durante años Rusia culpó a los alemanes del crimen, pero en 1990 reconoció su responsabilidad, cuando Gorbachov entregó al jefe de gobierno polaco, General Jaruselski, parciales documentos considerados ultrasecretos.

Más tarde Putin completó la entrega. Stalin concibió la matanza que ejecutó por medio de Beria, jefe de policía, y sus esbirros, especializados en crímenes atroces. Precisamente numerosos jefes del Gobierno polaco perecieron cerca de Smolensk cuando viajaban recientemente a Katyn para nuevo reconocimiento y homenaje a las víctimas. Abrir los abundantes datos de los archivos secretos es prueba de acercamiento ruso-polaco.

Tal matanza aconteció en 1940. Después de intensa brega los historiadores lograron conocer los documentos de hechos que Stalin y Beria informaron al comité central del partido comunista, y que forman parte de los abundantes archivos de la KGB. El actual jefe del gobierno ruso Dimitri Medvédev y su alter ego Putin decidieron revelarlo todo, con base en centenares de tomos de los archivos. La Fiscalía rusa había suspendido la investigación que Polonia anhelaba, pero el Tribunal Supremo revocó la suspensión y abrió los archivos.

Medvédev declaró que es necesario que todos vean 'lo que se hizo, quién tomó la decisión, quien dio la orden de aniquilar a los oficiales polacos. Todo está escrito ahí, están todas las firmas. Los personajes son todos conocidos'.

Es un capítulo más del Stalinismo. Esos documentos forman parte de la llamada carpeta 'uno' del Politburó del PCUS, máximo organismo colegiado de la dirección soviética, hoy inexistente. Los materiales que Gorbachov entregó a Jaruselski fueron secundarios, pero probaban la responsabilidad soviética (no alemana como se difundió). Como Polonia reclamara avances en la investigación, se vio que Boris Ielsin entregó más documentos a su colega Lech Walesa. Pero lo principal, que revela la magnitud del crimen, se ha difundido ahora. La ejecución se realizó sin juicio y sin investigación, como la propuso el entonces comisario del interior, Laurenti Beria, según nota que Stalin aprobó y que ahora se dio a la publicidad. También se reveló la nota que Shelepin envió a la dirigencia comunista manifestando que ha hecho desaparecer los documentos comprometedores de la matanza.

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