sábado 27 de febrero de 2010 - 10:00 AM

Decadencia del Congreso

Venimos alarmados por la decadencia del Congreso. En nuestro país el fenómeno es grave, basta pensar en que el órgano jurisdiccional tiene subjúdice a numerosas personas integrantes del cuerpo legislativo, uno de los órganos del poder de cuyos actos dependen el control político del Ejecutivo y del Jurisdiccional. Así funciona la armazón institucional doquier.

El Legislativo controlado por otros órganos del poder público, de lo cual se desprende la existencia del mutuo control entre los mismos. No es derrota para un órgano cualquiera que otro le notifique: Por ahí no puede pasar. Por eso angustia el desprestigio del legislativo colombiano, en el país del cual decía el jefe conservador Laureano Gómez: 'El Congreso es como el país, por eso hay allí hasta galleros de profesión'. Su formación se arraiga desvergonzadamente en el dinero, con la realidad de que no acierta alguien a corregir la corruptela del procedimiento que, prácticamente se ha patentado en la opinión; si hay quien compre voto, hay quienes lo venden, y se requiere que el correctivo venga legislando. ¿Pero quién pone el cascabel al gato?

Fui congresista en épocas austeras, con gran vigilancia de lo público y remuneración mensual de $4.500, igual para magistrados, generales, ministros y otros funcionarios. La remuneración fue luego superior, en forma debatida ampliamente. La del presidente era de Cinco mil pesos. Vino el salto actual. Recuerdo que mi vecino de curul profesor Gerardo Molina me dijo: 'Voto negativamente porque con este aumento el recinto se va a llenar de gentes que pelearán la remuneración de manera fundamental, y vendrán tiempos muy difíciles para la república. Ya había sueldo permanente, no sesiones convocadas por el ejecutivo para casos excepcionales. Hoy ser congresista es modo de vivir, lo mismo que formar parte de cuerpos colectivos de cualquier índole. La compraventa de votos es recurso de quienes tienen escaso valor intelectual. Es sistema condenable con inversión recuperable, que genera nuevas formas de corrupción. Pero, ¿cuál es la solución? Tenemos escándalo sin alarma por someter a muchos colombianos a salarios básicos escasos, mientras son muy altos en funciones representativas. La medida está dada, solo falta que se diga el salario del congresista será de tantos salarios mínimos.

Algo ha dicho el candidato Fajardo: 'No se compran votos, raíz de todas corrupciones'. Mi hijo Tiberio respalda la iniciativa, en su lista de Cámara.

 

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