sábado 14 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

El muro de Berlín

El 'muro de Berlín' cayó hace veinte años y numerosas publicaciones aluden al acontecimiento. Lo conocí: Tenía 55 kilómetros de largo, abarcaba el sector oriental de Alemania y una altura de 3.50 metros, coronado en V por alambradas que dificultaban asomarse por los dos lados.

Había pocas puertas para franquearlo, pero los diplomáticos tenían libre tránsito y yo era embajador de Colombia en Moscú. Contrastaban las dos partes de la ciudad, la occidental tenía construcciones nuevas, comercios, instalaciones diversas, superada la destrucción de la guerra; la oriental era solitaria, con buenas construcciones oficiales de anteguerra y huellas de disparos recibidos en la refriega final, cuando las fuerzas rusas la ocuparon. Los pactos de los aliados acordaron que la ciudad se dividiría en cuatro sectores para control, ruso, inglés, norteamericano y francés. El muro separó el sector ruso, pero la ciudad toda quedó en la zona soviética; cuando operó el bloqueo, los aviones occidentales abastecieron la parte occidental por corredor que toleraron los soviéticos. No se podía visitar de cerca el muro en el lado oriental; allí quedó la ruina del búnker de Hitler, donde se suicidó, que tampoco era autorizado ver de cerca.

La existencia del muro duró 28 años y la razón de su construcción fue la de retener una población humillada, que pugnaba por residir en la zona occidental; ésta, después del muro quedó unificada en sus tres sectores, señalados solamente por alambres de púas enrollados y letreros que indicaban al transeúnte el paso de una a otra zona. Implicaba el muro una situación aberrante, que separó integrantes de familias, lugares de trabajo, mecanismos especiales de transporte. La zona occidental próxima al muro era poco habitada, incluida la inmediata a la puerta de Brandeburgo, en la principal avenida berlinesa que así quedó interrumpida. Indudablemente el gestor de la caída del muro fue Mikjail Gorbachov, que visitó al mandatario de Alemania oriental, Honeker y le dijo que Rusia no se oponía al tránsito de la gente de uno a otro lado, cuando los entusiastas comenzaron con picas a derribarlo. Era el símbolo del renacimiento de Alemania y la cesación de dos gobiernos opuestos. El occidente recuperó el control de la ciudad y de todo el territorio separado y se produjo la unidad del país, que hoy tiene un solo gobierno presidido por la señora Ángela Merkel.

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