sábado 17 de enero de 2009 - 10:00 AM

El Procurador Ordóñez

Asumió de Procurador Nacional el santandereano Alejandro Ordóñez.

La elección suscitó reparos a su condición política, su catolicidad y el ribete de godismo que exhibe, por la firmeza de sus convicciones. Yo criticaría la carencia de esa calidad, porque no me ha convencido ni sirve a la nación tal carencia en las personas que dan a la política una característica gelatinosa y al fenómeno de 'Outsiders' que cambian de posición, van de extremo a extremo sin asidero en ideología que defina la sorpresiva impronta. La política requiere convicciones. Hay matices en los partidos y cuando son grandes en número, es explicable. Cuestión diferente a la simple voltereta.

No se ha visto ni se ve la formación de auténticos partidos nuevos; hay la tendencia a recibir los desechos de partidos viejos, que no es rejuvenecimiento de la vida política, con partidos nuevos, alentados por juventudes deseosas de servir al Estado, a la Nación. El Polo Democrático renuncia a un porvenir captando personas que fatigaron otras filas, quienes, si no satisfacen sus propósitos, regresarán a sus bases. ¿Nombres? Sería darles importancia inmerecida.
La escogencia del Procurador Ordóñez sin distingos de partidos, a sabiendas de que tiene firmes convicciones que no oculta, me lleva a mencionar anteriores nominaciones de santandereanos para esa investidura, hombres de conocidas convicciones políticas, los doctores Jaime Serrano Rueda y Horacio Serpa Uribe.

 Serrano fue ternado como adversario por el presidente López Michelsen para que ejerciera controles. Un santandereano atacó públicamente su nombre sin razón, por ser adversario caracterizado; hice declaración para rebatir la infundada crítica. Se buscaba vigilancia para una administración que nada quería ocultar; las cualidades de Serrano, sus antecedentes, eran buen señalamiento. Su tarea contra la corrupción fue constante.

Alguna vez me dijo: 'vamos mal, donde quiera que se pone el dedo sale pus'. También desempeñó las mismas funciones Horacio Serpa Uribe, elegido de terna presidencial. De su firmeza política nadie dudó, ni de su reciedumbre conocida pudo derivarse nada que empañara su desempeño. Obró sujeto a la Ley. Su característica de hombre de partido conocedor de responsabilidades, no fue óbice para ejercer el exigente compromiso con la Constitución, la Ley y la conveniencia pública.

No busquemos que haya funcionarios anodinos, desteñidos, o que bailen al son que les toquen. Menos reputar así a un santandereano, que ha de destacar por su carácter.

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