sábado 30 de mayo de 2009 - 10:00 AM

Fuerza y derecho

El predominio entre fuerza y derecho registra varios siglos en el empeño de buscar su armonía, que vendrá cuando tengamos la certidumbre de que la fuerza es la legitimación del derecho. El derecho ha de tener en la fuerza el sustento requerido para su plena vigencia.

En las épocas de perturbación social, la confusión acerca de este principio ha creado turbulencias diversas, cuando los seres humanos han visto en ellas la circunstancia favorable para imponerse, o para satisfacer ambiciones, ocupar el puesto de otros, los bienes de otros, sin trabajar. De esas turbulencias nuestra historia da relación completa y la solución ha sido la de buscar los medios para poner la fuerza al servicio del derecho.

Hoy existe la sensación de que grandes rectificaciones nos dan esperanza de pacífica vida internacional. Vemos que se aclimatan entendimientos entre las grandes potencias para cooperar en la solución de los diferentes problemas existentes, que fundamentan una esperanza nítida. Por algo el nuevo presidente estadounidense habló de la audacia de la esperanza y ha empezado a recorrer el difícil sendero de las rectificaciones para crear el nuevo clima de entendimiento primero y después de cooperación, que espera el mundo pacífico.

Hubo tiempos, en el inmediato pasado, cuando esas potencias se preparaban para la confrontación. Después de la Segunda Guerra Mundial quedaron rescoldos que con su agravación suscitaron episodios difíciles. Tal preparación cesó, los imperios que cada potencia quiso crear fueron cediendo y las economías dieron su medida de obstáculos para frenar las tendencias del armamentismo. Vinieron luego las distensiones y luego la nueva era para demostrar al mundo que estas intenciones quedaban atrás. No mencionemos nombres reveladores de tales situaciones, pero sí los resultados tangibles.

El autor español Madariaga presenta otra tesis de la misma índole, cuando analiza la relación entre poder y fuerza. Alude al Papa, que hoy tiene inmenso poder, sin fuerza que lo sustente. Así mismo, la Reina Isabel que tiene suficiente poder sin hacer uso de fuerza alguna. Podríamos extendernos a Gandhi, que tuvo gran fuerza hasta imponer el sentimiento de libertad de su país, sin usar fuerza material. Otro ejemplo puede ser el de la monarquía española que tiene un Rey, Juan Carlos de Borbón, con jefatura de amplio poder, que reposa sobre elecciones libres en que participan los partidos políticos que representan el resultado final.

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