sábado 31 de octubre de 2009 - 10:00 AM

La ética mal parada

Las informaciones concernientes al Congreso, son deplorables. Los fenómenos acaecidos allí son inverosímiles. Congresistas procesados, algunos detenidos, son dolencias que asumimos todos los colombianos. Estábamos acostumbrados al Congreso que debatía, en ocasiones, hasta el exceso de enfrentamientos graves, pero nunca un congresista delante de la Corte Suprema de Justicia, juez natural del Congreso, sindicado de graves trapisondas y desesperado afán de lucro. Saludable que así sea; tenemos el poder dividido en órganos, para mutuos controles. Vamos de escándalo en escándalo, parece ser que la sorpresa no alarma, con la diaria noticia de un desaguisado.

¿A qué atribuir esta descomposición? La reacción contra la política es respuesta fatal. Necesitamos más política, pues no podemos decir que todo está perdido. ¿Cuál es la causa de tan graves males? Pensemos en que el apartamiento de las gentes honradas que no incurren en prácticas corruptas ha dejado campo libre a quienes no buscan servir, sino pelechar. La reacción debe ser la de apoyar decididamente a la gente honrada, que la hay, sin complacencia alguna respecto de los corruptos o simples indelicados. Hay gente que milita en lo público y camina por las líneas blancas del código penal. Pero en el fondo ¿hay un fracaso de varias organizaciones, las encargadas de formar al pueblo todo? La educación, por ejemplo. Se ha descuidado la ética como aglutinante social, como estructura fundamental de la sociedad. Si hay grave intolerancia en el ambiente social, si en una discusión no caben palabras o puñetazos sino disparos y puñaladas, algo grave hay en la formación de quienes responden en cada caso con la acción violenta. Y la tolerancia surge en los hombres y mujeres éticos, capaces de tolerar episodios que la vida actual depara por doquier.

La carencia de valores éticos es peor, reviste mayor gravedad en las personas investidas de autoridad política y administrativa. Pero vemos que a mayores investiduras corresponden hoy actitudes menos éticas. ¿Qué está pasando en nuestra clase dirigente que de esa laya procede? Porque en las gentes de inferior estatus hay muchas carencias, mayores dificultades, más acentuada pobreza. Pero, si la sal se corrompe, ¿quién salvará la tierra de la corrupción? Volvamos a la ética, a los principios y valores morales que requiere nuestra sociedad toda y apelemos a la educación para que haga lo suyo, en cada caso y en cada lugar.

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