sábado 20 de junio de 2009 - 10:00 AM

Nuevamente la corrupción

Avanza la corrupción pública y privada, principalmente la pública. Quienes estamos exentos de tan grave lacra moral y legal hemos de ocuparnos una y otra vez acerca de sus males. Dice el profesor (U. del Rosario) Guillermo Castro Cuenca: 'La corrupción sigue siendo uno de los principales problemas del Estado de derecho en el siglo XXI.

Su incidencia reduce la eficacia de la inversión, aumenta el valor de los bienes y servicios, reduce la competividad de las empresas, vulnera la confianza de los ciudadanos en el ordenamiento jurídico y condena a la miseria a quienes son destinatarios de las políticas públicas.  Sin embargo, la lucha que han realizado muchos gobiernos y funcionarios judiciales contra este fenómeno ha modificado sus formas de aparición; es cada vez menos frecuente la apropiación directa de los caudales públicos, la entrega de sobornos a los funcionarios y se prefieren métodos más sutiles como los sobrecostos, la subcontratación masiva, la constitución de complicadas sociedades, en las cuales tienen participación los funcionarios públicos o sus familiares…' (Corrupción y Delitos contra la Administración Pública, Guillermo Castro Cuenca, Pág. 20).

Examina las causas de la corrupción, sus efectos, el objeto de tutela afectado por la corrupción en la contratación pública, la lesividad de los delitos contra la administración pública, el derecho penal como mecanismo adecuado para controlarla, el interés del funcionario en la tipificación de la desviación de intereses, el cohecho, el tráfico de influencias en los procesos de contratación, los agentes públicos extranjeros, la prevaricación en Europa y en América, la omisión de requisitos, la contratación indebida, el fraccionamiento de contratos, las modificaciones abusivas, el fraude y la estafa en la contratación, el peculado, el abuso de confianza, el engaño a la administración, la revisión de precios, la expedición de facturas falsas. Un estudio muy completo de este grave flagelo.

Probablemente no hay contra este delito, recurso más efectivo que la denuncia oportuna. Se llegará a la situación de dividir a Colombia entre investigados e investigadores. Tal renuncia requiere saber qué hacen los diversos funcionarios de control, tolerantes o francamente partidarios de un sistema que, de continuar el ritmo actual, conocerá extremos inconcebibles. Es también la convicción cada día más firme, de que el delito va por ascensor, en tanto que la autoridad y la ley van por escalera, en ocasiones con sorprendentemente inactividad.

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