sábado 14 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Un fracaso lamentable

'Mucha tela qué cortar', es el título que Pierre Raymond da a la  investigación del surgimiento y fracaso de la empresa 'Hilados y Tejidos de San José de Suaita'.

Los hermanos Caballero Barrera: Lucas, Julio, Alfredo y Carlos Alberto, concibieron una fábrica que produjera chocolates, harinas, licores, azúcares y tejidos de algodón, empeño bien intencionado, pero difícil. Heredaron de su padre Julio César Caballero Echeverría extensas propiedades rurales en San José, corregimiento de Suaita. Comenzaron en 1908, pensaban que pronto vendrían las vías para transformar la vida regional mediante esfuerzo agroindustrial.

Veían la necesidad de capitales foráneos para el desarrollo nacional, y lo obtuvieron.  Nació la empresa de un crédito Francobelga, pero adquirieron  equipos de segunda mano; la similar industria antioqueña surgía simultáneamente con equipos nuevos y capital nacional. Los acreedores extranjeros buscaban aquí rendimientos especulativos del capital invertido, pero no desarrollo social.

Varias crisis afectaron el funcionamiento de la empresa; los Caballero fueron desplazados por los banqueros, quienes asumieron la administración, vinieron dos guerras mundiales, surgieron dificultades de familia para cancelar deudas de la empresa en New York; los acreedores embargaron bienes que Julio tenía allí por razón de negocios propios.

Al morir Julio, su yerno, el abogado Alfonso López Michelsen, apoderó  a su esposa, su suegra y cuñadas para hacer valer la acreencia contra Lucas, Alfredo y Carlos Alberto. Como su padre Alfonso López Pumarejo era Presidente, el conflicto fue utilizado por  la oposición conservadora. Entraron en acción hijos de los cuatro hermanos Caballero y mientras acciones judiciales cursaban  en juzgados del Socorro y ante la Superintendencia de Sociedades, creció la deuda salarial y la producción fue mermando, hasta quedar reducida a telas rústicas; la inepta administración no modernizó equipos.

La vía carreteable llegó a la fábrica en 1934 mejorando la grave situación de transporte, que tuvo etapas primitivas en bueyes y mulas. La región producía caña para fabricación de azúcar y algodón no suficiente para abastecer la fábrica. El trigo y el cacao provenían de lugares distantes.

Las tierras fueron invadidas y los complicados problemas sindicales causaron distintos impactos; los cambios administrativos, la visión de los nuevos herederos propietarios, todo se sumó para fracaso total. Hoy el corregimiento recuerda su pasado en el museo de algodón, obra de Raymond, ilustre francés, que se ocupa de nuestros campesinos y de su situación social atrasada, requerida de ayuda.

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