Con alguna frecuencia, tal vez más frecuencia de la normal, escuchamos noticias sobre proyectos o más bien, megaproyectos para construir monumentos religiosos en los sitios más empinados y visibles de nuestra geografía. El primer interés parece ser superar en tamaño los ya existentes en otros lugares del mundo para atraer turistas y estimular la fe que por fortuna no se ha perdido del todo. En Lima por ejemplo, hicieron un réplica del Redentor del Cerro del Corcovado de Río de Janeiro; por aquí en el eje cafetero están haciendo un Cristo que según sus constructores será el más grande del mundo; en el municipio de Ocamonte la pasada administración municipal construyó una cruz de gran tamaño para darle nombre a uno de los cerros más vistosos de este bello municipio, y aquí muy cerca en Floridablanca, están próximos a construir el cerro del Santísimo, destinado a ser según las autoridades, un sitio de especial atracción turística dado su valioso diseño y la recuperación ecológica de toda su zona de influencia. Independiente de las inversiones que estos monumentos han tenido y tendrán, cuestionadas en su momento en cada caso, me llama la atención que siempre la figura central sea un elemento o figura religiosa, con lo cual se evita cualquier cuestionamiento artístico y se cierran otras posibilidades sobre el uso y disfrute de estos magníficos lugares naturales. Interesante que cada uno de estos cerros que engalanan nuestra bella geografía tuviera una obra específica única e independiente, que hiciera honor a la cultura de cada región y que fuera el producto de una participación armónica de toda la comunidad o por lo menos, contara con el concurso de sus mejores artistas. Repetir las mismas imágenes en todas partes no creo que sea tan afortunado como aparentemente parece. El Cristo de Morrorico fue en su momento un verdadero atractivo y una novedad porque se construyó hace 60 años y contó con la participación voluntaria de muchos ciudadanos. Su inauguración fue todo un acontecimiento religioso que todavía cuentan con nostalgia los pocos sobrevivientes que aún existen. Es posible que el éxito que hasta ahora ha tenido el Parque del Chicamocha sea porque se construyó con otro criterio, con el del disfrute del cañón del Chicamocha, que no nos cansaremos de descubrir y admirar como una verdadera maravilla natural del mundo. Aprovechar artística y ecológicamente nuestros recursos y bellezas naturales es una posibilidad que tiene cada generación, pero ojalá con suficiente imaginación y creatividad.