sábado 02 de enero de 2010 - 10:00 AM

Ante acuerdos débiles decisiones firmes

Ante el evidente fracaso según opinión de la mayoría de los expertos de la conferencia de Copenhague, quizá porque se había rodeado de muchas expectativas o por la dificultad de poner de acuerdo tantos intereses, entre tantos asistentes, el mundo ha quedado nuevamente en el limbo en la búsqueda de un compromiso mundial concertado para detener el deterioro acelerado de la naturaleza y el aumento excesivo en el calentamiento global de la madre tierra.

Desde el punto de vista moral, América Latina puede considerarse exenta de culpa, por ser una se las secciones del mundo que menos contamina y porque además existen en casi todos los países políticas de protección al medio ambiente. El reconocimiento y protección a la población indígena también contribuye a esta salvaguarda de la naturaleza pues ella está íntimamente relacionada con la supervivencia de esta población.

Sin embargo y dada la gravedad de la situación se requiere que cada país en particular intensifique las medidas y las normas para salirle al paso a este grave problema.

Para el caso de Colombia, que se volvió contaminante por la calidad de sus combustibles, de tarde en tarde y desde distintos lugares de nuestro territorio, se escuchan voces solicitando mas presencia de las autoridades ante amenazas concretas de destrucción del medio ambiente, con el agravante que estas voces de socorro no se escuchan y antes bien para sorpresa de todos, cuentan en algunos casos, con el beneplácito de las mismas autoridades.

La corrupción que cada vez impacta más el tejido social, parece que ya llegó hasta el corazón de nuestras montañas. Estos casos que se repiten cada vez con más frecuencia nos han hecho perder el honroso primer y segundo puesto que ostentábamos con honor dentro de la estadística de los países con mayor cantidad y diversidad hídrica y biológica.

No cabe duda que nuestro Ministerio del Medio Ambiente, ha perdido protagonismo dentro del gabinete del señor presidente Uribe. Ante el fracaso de Copenhague, Colombia puede nuevamente servir de ejemplo en el mundo complementado sus medidas de protección a la naturaleza y poniendo en práctica políticas de reforestación y control de las zonas dedicadas a la industrialización o la construcción.

En concepto de algunos optimistas no todo está perdido, siempre y cuando sea la sociedad la que asuma esta defensa, para no dejarla únicamente en manos de los gobiernos, porque ya se ha demostrado más de una vez, que la política está primero que la defensa del medio ambiente.

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