sábado 02 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Inestabilidad laboral

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Columna de
Alfonso Marín

El mandato bíblico dado al hombre de ganarse el pan con el sudor de su frente nos ha permitido inventarnos un número infinito de actividades a través de la historia para poder cumplir de la mejor manera posible con esta obligación. El deporte por ejemplo, que en un comienzo debió ser un agradable pasatiempo, con el correr del tiempo se fue volviendo una competencia que hizo necesaria la intervención de un entrenador o experto que le ayudara al deportista a desarrollar mejor sus habilidades y competencias. Aunque parezca un contrasentido, en la actualidad es casi más importante el entrenador que el mismo deportista y así parecen entenderlo tanto la afición como las mismas directivas de los diferentes deportes. No de otra manera se explica que los entrenadores especialmente de los equipos de fútbol, que es el deporte de mayor acogida y afición, se despierten un día como genios y a la caída de la tarde, después de un partido, terminen sin puesto y con su imagen bien comprometida. Como cada semana es más frecuente esta situación, tanto aquí en Colombia como en todas partes del mundo, siempre me pongo de parte de estas personas que pierden su estabilidad laboral no por culpa directa de ellos mismos, sino de otras personas, en este caso los jugadores que están en la cancha. Muchas veces una jugada desafortunada o un tiro que pegó en el palo cambia en un momento el resultado del encuentro sin que el pobre entrenador pueda hacer algo por remediar el resultado. Mientras en otros trabajos y actividades existen normas legales que prohíben despedir un trabajador sin justa causa y se le respeta el derecho a su defensa en caso de que haya cometido una falta, en asuntos de deporte el mal resultado es causa suficiente de despido.

Se me ocurre este comentario al conocer que el entrenador de nuestro equipo Atlético Bucaramanga, que nos había dado tantas satisfacciones en otras ocasiones, haya sido despedido de la misma manera que tantos otros en el mundo por malos resultados.

Algún día habrá que conformar una asociación de técnicos despedidos que gestionen una ley para suplir o por lo menos disminuir los efectos de tanta inestabilidad laboral.

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