sábado 17 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Un premio a la autenticidad y la paciencia

A mediados de la semana pasada, los colombianos fuimos gratamente sorprendidos con la inclusión por parte de la UNESCO dentro del patrimonio intangible de la humanidad,  de la Celebración de la Semana Santa en Popayán  y el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto.

En ambos casos constituye un premio a la autenticidad y a la paciencia.  Sin preocuparse si algún día iban a ser considerados patrimonio de la humanidad, tanto los unos como los otros durante muchos años y generaciones solamente se interesaron porque sus fiestas, la una religiosa y la otra no tanto, tuvieran dignidad y decoro suficientes para convocar a la participación de toda la comunidad. Andando el tiempo, como suele suceder cuando las cosas son auténticas, los ojos de los Colombianos empezaron a fijarse en ellos como las expresiones más populares y mejor organizadas del sur de Colombia, por consiguiente dignas de figurar en el calendario turístico de la región. Así se ganaron el cariño de los colombianos y de muchos extranjeros, que convirtieron en peregrinación obligada la celebración de cada uno de estos dos acontecimientos.

Mantener viva la devoción de un pueblo por unas expresiones artísticas y culturales durante tantos años, es un reconocimiento que le debemos a los pastusos y payaneses todos los colombianos.

Al igual que Barichara aquí en Santander, sus moradores solo se limitaron a cuidarlo y embellecerlo, sin medir ni pensar cuándo la nación y el mundo les reconocerían su trabajo.  Esta es sin duda la mejor lección que nos dejan estos reconocimientos universales, trabajar sin descanso por proteger lo que tenemos.  Creo que no está lejano el día en que la Catedral de Socorro, la Semana Santa de Piedecuesta, Girón o Pamplona, sean reconocidas internacionalmente o que las artesanías de fique en Curití o el algodón en Charalá, sean incluidos dentro de las expresiones culturales de Colombia.

Los Vigías de Patrimonio Cultural, creados por el Ministerio de la Cultura, todavía tienen mucho por hacer en Santander.

Causa verdadero gusto comprobar cómo nos queda fácil movilizarnos alrededor de un proyecto común, como ya lo experimentamos hace poco cuando nuestro emblemático Cañón del Chicamocha estuvo clasificado como una Maravilla Natural del Mundo.

El juicio generacional del que tanto se habla en la historia para subir y descalificar héroes, también se da en  asuntos de patrimonio, cuando nos detenemos a mirar con detalle nuestro legado cultural guardado celosamente por nuestros abuelos.

Junto con estos dos anteriores, el Carnaval de Barranquilla y el Dialecto de San Basilio de Palenque, Colombia continúa aportándole a la cultura del mundo.

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