Publicado por: Alvaro Beltran Pinzón
Dos separaciones del poder han tenido amplia repercusión por las características mismas de los personajes que lo ostentaron y su marcada influencia en vastos sectores.
De un lado la abdicación, más que renuncia, del Papa Benedicto XVI significa un replanteamiento a la tradición, según la cual esta investidura era ejercida por el ungido hasta su muerte. Además de su infalibilidad, se presumía su capacidad para cumplir sus funciones en forma vitalicia.
Se da en esta forma un paso muy importante al evidenciarse que la Iglesia Católica es una organización de humanos, sujeta a todas las vicisitudes de su naturaleza. Que es una congregación con espacio para un ejercicio político con concepciones, tendencias y visiones diferentes; que el Papa no se libera de su condición caduca y como tal debe ser consciente de que en determinado momento puede ver menguadas sus facultades para enfrentar las complejas situaciones que están bajo su responsabilidad.
En forma paralela Venezuela pierde a su Presidente de los últimos 14 años, quien se distinguió - como todo caudillo - por su apego al poder hasta sentirse insustituible. A pesar de su deplorable estado de salud nunca aceptó dar un razonable paso al costado, y más bien optó por señalar su reemplazo en el entendido de que debiera ejercer el cargo de manera análoga.
En los dos casos ha sido constante la reclamación de información sobre las realidades vividas. Aunque en el Vaticano han ido aflorando sucesos indeseables, es de esperar que el cónclave que se inicia, más allá de sepultar en el sigilo todos los intríngulis de su interior, tenga la fortaleza para corregir vicios y errores y decida imprimirle a la Iglesia la proyección de cambio que demandan los nuevos tiempos.
En el país hermano ojalá el acentuado caudillismo, en que se ha sustentado el proyecto de Chávez, no sea obstáculo para encontrar caminos de plena restitución democrática y de sano apalancamiento a los propósitos de reivindicación social y erradicación de la pobreza por los cuales abogó el líder desaparecido.











