Publicado por: Alvaro Beltran Pinzón
Como era previsible, a medida que avanza en La Habana el diálogo en procura de paz, la controversia es cada vez más enconada como consecuencia de las múltiples implicaciones que tendrían los posibles acuerdos que se llegaren a concretar. Poco a poco han ido creciendo la ansiedad, las interpretaciones encontradas y la puesta en evidencia de las ambigüedades e intereses que rodean tan crucial tema para nuestro futuro.
Diferentes situaciones afectan el delicado encuentro, empezando por la estratégica determinación de dialogar en medio de la confrontación, con la cual cada ataque o hecho delictivo de parte de las FARC alimenta el escepticismo en relación con su verdadera vocación pacifista pero, paradójicamente, su falta de acción o decaimiento conduce a que no se perciba indispensable, en forma mayoritaria, llegar a concesiones o pactos con una organización mermada en su capacidad para ocasionar daño.
La nueva etapa de conversaciones, luego del bienvenido acuerdo inicial, no ha podido sustraerse del afán protagónico de unos y otros. La necesaria discreción y tacto que exige un trámite de esta naturaleza se ha ido perdiendo, para dar paso a una creciente demanda de información, a la aparición de posiciones recalcitrantes en torno a propuestas o aspectos en discusión y, con ello, al enrarecimiento del ambiente con un repudiable sesgo de oportunismo frente a las próximas elecciones.
La mayor contribución que se puede hacer en estos momentos es apoyar la iniciativa, por su claro propósito de beneficio para el país, y darle un voto de confianza al equipo negociador escogido por el Gobierno, de cuya voluntad y competencia nadie parece tener duda, para que desarrolle su labor con tranquilidad, prudencia y tino. El acompañamiento sobre temas puntuales debe ofrecerse a partir de su requerimiento -como ya se hizo con el asunto de tierras- y cuando se disponga de un compromiso estructurado se tendrá que proceder a su discusión y al indispensable análisis de sus repercusiones para que, como ha sido explícita la manifestación gubernamental, el pueblo colombiano le dé su aprobación o negativa.











