lunes 12 de febrero de 2024 - 12:00 AM

35 años del Museo

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En un ambiente de franca camaradería y optimismo, el pasado viernes tuvo lugar la celebración de 35 años de fecunda labor del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga. La persistencia de un puñado de creyentes en la importancia del arte, de los progresos sociales que inspira y las vidas que puede rescatar ha hecho posible su consolidación en un medio nada propicio al mecenazgo cultural.

Desde la Gobernación de Santander me correspondió apropiar los recursos que facilitaron la adquisición de la linda casona que le sirve de sede, acogiendo la propuesta de un grupo de artistas en la década de los años 80 del siglo XX, quienes desplegaron una frenética actividad y pusieron en evidencia la necesidad de contar con un lugar que diera albergue a una porción representativa de nuestra vocación artística, para ilustración y deleite de coterráneos y visitantes, y que se erigiera en referente pedagógico y de sensibilización de los jóvenes por las denominadas bellas artes.

Exquisitos maestros han marcado un largo camino de afianzamiento artístico de nuestra región y una significativa muestra de su creatividad tiene cabida en la colección que constituye su invaluable patrimonio.

En esta conmemoración, como en todos los momentos trascendentales de la vida, es preciso auscultar el cumplimiento de metas y refrendar propósitos. Resultan oportunas las apreciaciones de Claudia Hakim, con motivo de su reciente retiro de la dirección del Museo de Arte Moderno de Bogotá: “un museo debe ser un centro de educación, inclusión, confrontación, diálogo, reflexión, esparcimiento y encuentro. Considero que un museo desempeña un papel fundamental en estos aspectos a través de su libertad de expresión. El museo responde a las demandas del mundo, abriendo sus puertas para acoger y reflejar la diversidad. El museo es un espacio neutral, los artistas no, el contenido de sus obras tampoco”.

A los directivos del MAMB, un reconocimiento especial por su empeño y el sentido altruista de su gestión. Redoblar esfuerzos para interesar a gobernantes y empresarios en el valor y la idoneidad del arte, para comprender nuestras dificultades y ventajas sociales, es obligación; propender por el estímulo a escolares, mediante procesos didácticos, no da espera; hacer acopio de nuestras voluntades y deponer sesgos y diferencias nos permitirá superar las contingencias para legarle a Santander una institución emblemática de su cultura y tradición. Las tareas que nos encomienda el espíritu nunca terminan.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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