lunes 16 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

A paso de tabaco

La de-clinación del transporte flu-vial y el colap-so del ferroca-rril de Puerto Wilches con-llevaron a que se volcaran los esfuerzos a la construcción de las empina-das carreteras en un conti-nuado empe-ño de romper montañas.
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La sincronización entre el caminante y el parsimonioso degustar del tabaco se convirtió, en épocas pasadas, en la forma expedita para medir la extensión de los caminos. Estamos a un tabaco de distancia, se decía en la jerga de los arrieros para significar lo que aún faltaba por andar. Ardua experiencia de nuestros campesinos que en buena hora se recupera en el libro Caminos de Santander, a tabaco y medio, una reciente publicación de la Universidad Industrial de Santander que da cuenta del trabajo realizado para vencer los accidentes de tan quebrada geografía.

Si bien el historiador Juan Diego Serrano Durán anota que no clasifican como “reales” las trochas que sirvieron para el tráfico de esclavos y materiales, antes que para carrozas, y tampoco se pueden llamar “de Lengerke”, por cuanto sus contratos atendieron objetivos de reconstrucción y adecuación de rutas heredadas; el propósito expresado por el rector Porras en la presentación de hacer un homenaje a nuestro territorio y a sus gentes, un culto al paisaje, cultura y ancestros con la rememoración de cada camino, se cumple a cabalidad con esta bella edición.

Los trayectos demarcados por los conquistadores y colonos, para el intercambio de baratijas y extracción del oro enquistado en nuestra tierra, posteriormente se afianzaron con el requerimiento comercial de establecer conexiones menos riesgosas hacia los ríos navegables. Fue así como se obtuvo la complementación del transporte terrestre con las rutas del agua que hicieron posible la importación de bienes esenciales y dieron salida a la producción de tabaco, quina, café, cacao y harinas.

La declinación del transporte fluvial y el colapso del ferrocarril de Puerto Wilches conllevaron a que se volcaran los esfuerzos a la construcción de las empinadas carreteras en un continuado empeño de romper montañas, arriesgarse por desfiladeros y sobreponerse a tanto condicionamiento geológico. El temple que dan las dificultades no ha permitido que se esfume el sueño de disponer de los caminos que hagan posible comunicarnos eficientemente con el mundo, aunque siempre surja el obstáculo, la falta de gestión, que nos pone a tabaco y medio de alcanzarlo.

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