lunes 30 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

¿Año perdido?

Ojalá se imponga el diálogo a las ganas de demostrar fortalezas frente a sus oponentes, las cuales conllevan un perjuicio notable en el desempeño del país...
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El año que termina estuvo caracterizado por un forcejeo que revivió la polarización derivada del plebiscito para refrendar el Acuerdo de La Habana suscrito con las Farc. Las demoras en la sanción de la Ley Estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) despertó nerviosismo en promotores políticos del Sí y, luego, con la decisión presidencial de objetar seis de sus artículos se conformó el movimiento Defendamos la Paz, que convocó a una primera marcha.

La motivación invocada por el Ejecutivo en el sentido de que se estaba ante una oportunidad única para construir un consenso institucional alrededor de la JEP no logró su cometido. Por el contrario, suscitó un ambiente de desconfianza que generó nuevas movilizaciones. Estos llamados encontraron eco en sectores que hallaron propicia la ocasión para expresar inconformidades y dar paso a la conformación de un comité de paro y al cacerolazo del 21 de noviembre.

Es evidente que el Presidente no actuó de manera precisa para conjurar el descontento, y que sus ministros han sido inferiores a las circunstancias para atender cada uno de los campos de acción en que se han expuesto quejas. Ahora, el Comité de Paro aprovecha la oportunidad para presentar un ambicioso listado de reformas en un amplio espectro, que tienen que ver con la organización estructural del Estado. Al parecer, han sobreestimado su capacidad para paralizar el País o han percibido que la indignación ciudadana con diferentes aspectos de la vida nacional puede llevar a una protesta generalizada.

Termina así este año en punta y con gran expectativa respecto a lo que ocurrirá en el 2020 cuando, probablemente, se dará una pronta medición de fuerzas entre el movimiento reivindicatorio, que profundizará en sus demandas, y el Gobierno Nacional, que parece apostarle a su debilitamiento, apoyado en la molestia ciudadana que causa el entorpecimiento de sus actividades.

Ojalá se imponga el diálogo a las ganas de demostrar fortalezas frente a sus oponentes, las cuales conllevan un perjuicio notable en el desempeño del país, y que las discrepancias se tramiten por los canales establecidos en el ejercicio democrático.

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