lunes 23 de octubre de 2023 - 12:00 AM

Alvaro Beltran Pinzón

Cero corrupción, cero mediocridad

Por estos días, cuando los candidatos a gobernación y alcaldías se esfuerzan por encontrar llamativas propuestas para enfrentar los niveles de desigualdad y el deficiente desarrollo de nuestro departamento, conviene tener en cuenta las experiencias y herramientas utilizadas con éxito en otras latitudes aunque, por supuesto, en diferentes contextos.

Es el caso de Singapur cuya erección como Estado autónomo no fue nada fácil. Debió superar muchos obstáculos, en atención a su pequeña dimensión de 580 kilómetros cuadrados, la ausencia de recursos naturales y de una población homogénea, su multiplicidad lingüística, y la no identificación de un destino. Quien era primer ministro cuando obtuvo su independencia, en 1963, opinaba que “una nación no solo es grande por su tamaño, es la suma de la voluntad, la cohesión, la resistencia, la disciplina de su pueblo y la calidad de sus líderes lo que le asegura un lugar honorable en la historia”.

Lee Kuan Yew pronto estableció que constituía un imperativo erradicar la corrupción heredada de la vida colonial, entendiendo que no es únicamente una falta moral de los individuos implicados sino una infracción al código ético de toda la comunidad, y que había que exterminar la mediocridad de la vida de los singapurenses, asignando un tercio del presupuesto a la educación.

Para tener una referencia del desarrollo alcanzado por el pequeño gigante asiático, el producto interno bruto per cápita en 1965 era de 517 dólares y en 2020 llegó a 60.000 dólares; mientras que en Colombia ascendió a 5.300 dólares en 2023 y, según el presupuesto de 2024, se dedicará el 17 % a educación.

La solidez de la prosperidad, afirmada bajo estos pilares, ha demostrado que las determinantes del futuro de una sociedad no son ni su riqueza material ni otras medidas convencionales, sino la calidad de sus gentes y la visión de sus gobernantes. No se necesitan ingentes cantidades de recursos para solucionar los problemas. Vivimos una época en la que a menudo se juzga a los líderes más por la estridencia de su retórica y el color de su ideología, que por el éxito de sus determinaciones políticas.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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