lunes 17 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Colcha de retazos


Tendremos una vía con iguales condiciones de congestión de la actual y la misma frustración que se soporta con la siniestrada doble calzada Bucaramanga-Pamplona.

En días pasados, la Sociedad Santandereana de Ingenieros celebró una reunión con el consorcio contratado por Invías para la ejecución de los diseños de la nueva carretera Chiquinquirá-Bucaramanga. Esta vía, de aproximadamente 250 kilómetros, constituye la espina dorsal de la movilidad del departamento y se esperaría que en su totalidad tuviera doble calzada, teniendo en consideración el gran volumen vehicular que soporta.

Sin embargo, el alcance del contrato contempla el diseño de 37 kilómetros de carriles de adelantamiento, y solamente 35 kilómetros de doble calzada (un 15%), repartidos en cortos sectores aislados de diferentes longitudes, sin continuidad alguna, salvo el tramo Curos-Piedecuesta. Las variantes de Oiba y Barbosa solo se incluyen a nivel de viabilidad ambiental, y la variante de Menzulí con un diseño preliminar.

Además de la falta de uniformidad en la sección transversal o ancho, no se incluye la solución en el cruce con el Anillo Vial Metropolitano que, según anuncio de la Gobernación, ya cuenta con cierre financiero y está próxima la iniciación de su contratación; tampoco se contempla el empalme con la variante a Menzulí y, menos aún, de esta última con la vía a Cúcuta.

Esta limitante en el alcance contractual se podría explicar por las evidentes dificultades topógráficas y geológicas de algunos sectores del corredor vial, que conllevarían la inclusión de obras de ingeniería de considerable costo. La metodología adoptada, con este criterio cicatero, conducirá a especificaciones muy precarias, y, en caso de emprenderse la construcción con los diseños proyectados, seguramente dará lugar a todo tipo de controversias y pleitos o, como curiosamente la propia firma consultora advierte desde ya, se precisarán rediseños cuando se acometan las obras.

Tendremos una vía con iguales condiciones de congestión de la actual y la misma frustración que se soporta con la siniestrada doble calzada Bucaramanga-Pamplona.

Ante las nuevas corrientes de desarrollo económico que se abren paso en el país, no se puede permitir este tratamiento discriminatorio que condenaría a más del 80% de nuestro territorio a la insuficiencia competitiva y alejaría definitivamente las posibilidades de inscribir a Santander como región turística de primer orden.

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