lunes 15 de febrero de 2010 - 10:00 AM

Como decíamos ayer...

El 12 de Enero de 2009 en este mismo espacio de opinión y bajo el título 'Bienvenido el referendo', abogábamos por la conveniencia de un rápido trámite a esa iniciativa en el Congreso y luego en la Corte Constitucional, como única posibilidad para rescatar al país del desbarajuste institucional y la confusión política que se advertía.

Decíamos entonces que: 'si bien es cierto que va a estimular una polarización que generará perturbación inmensa todo el año, debemos afrontar el debate con la idea de que nos abocará a examen profundo del funcionamiento de nuestra institucionalidad y del comportamiento ciudadano; con la seguridad de que emergerá una democracia más afirmativa, una sociedad más consciente de su valor como actor público fundamental, y una vida institucional de verdad fortalecida'.

Hoy, luego de su tortuoso trámite, se han conocido el concepto del Procurador General de la Nación y la ponencia del Magistrado Sierra Porto, que coinciden en que la Corte Constitucional sólo debe tener en cuenta los aspectos de trámite de la iniciativa para definir su exequibilidad. Con diferentes enfoques respecto a si debe prevalecer el fondo frente a la forma o viceversa, llegan lógicamente a conclusiones opuestas, que ciertamente no son concluyentes y dejan la sensación de una alta subjetividad.

Si finalmente la Corte decide acoger cualquiera de los dos planteamientos, se estaría confirmando un vacío Institucional por cuenta de la ausencia de una instancia que guarde los principios y armonía de la Carta Fundamental. Este vacío irremediablemente lo tiene que asumir la voluntad popular y ahora sí al costo que sea, porque este episodio reeleccionista, querámoslo o no, ha copado el espacio político nacional en los últimos seis años y seguiría perturbando la vigencia de la Constitución.

Como decíamos hace un año bienvenido el referendo, así tengamos que pagar altísimo costo, para tener una definición concluyente frente a este tema en el que desafortunadamente se consumió la vida de la Nación por cuenta de creer que el Presidente es insustituible y del aprovechamiento que se ha hecho, en beneficio particular, de los miedos de gran parte de los Colombianos frente a la eventualidad de recorrer los caminos de zozobra que se vivían al inicio del primer mandato del Presidente Uribe.

 

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