lunes 13 de octubre de 2008 - 9:46 PM

Confusión nacional

Los acontecimientos que agitan el ambiente político contienen un alto ingrediente de confusión, dados los mensajes contradictorios e imprecisos de los dirigentes nacionales, quienes, precisamente, son los llamados a aclarar las cosas, y no a propiciar su enrarecimiento mediante la improvisación y el desorden que ha llevado al país a nociva intranquilidad.

En el Congreso se ha desatado una soterrada puja por el poder, detrás del trámite de unas reformas que para nada pretenden solucionar las graves falencias del Estado. Una reforma a la justicia, que no se ocupa de su problema fundamental cual es el de que sea pronta y cumplida y, una reforma política que no ataca los males que están destruyendo la democracia: corrupción, interdependencia perversa de los poderes, financiación impropia de campañas, compra de votos o la creciente utilización del ejercicio público en provecho personal.

Ninguno de estos temas ha merecido reflexión y menos propósito de enmienda, como tampoco se ha valorado adecuadamente el desarrollo envolvente de la crisis financiera mundial y nos contentamos con el argumento de que encontraremos, oportunamente, la financiación que requiere Colombia en los próximos años, para subsanar la ligereza de haber gastado a manos llenas durante la bonanza. Otros países como Chile y Perú no van a tener este problema porque ahorraron y crearon reservas de contingencia. La crisis nos va a tocar irremediablemente, pues es todo el mercado internacional el que se derrite y se hace inaplazable un reordenamiento presupuestal, como ya lo está enfrentando México.

Siempre se ha dicho que los líderes surgen en las crisis y éste pareciera ser el momento para escuchar, de aquellos que se perfilan como presidenciables, posiciones claras que respondan a tesis y programas nacionales, alejadas del cálculo personalista que es precisamente lo que está minando su proyección, al querer actuar sobreseguro y blindarse contra el riesgo al fracaso. Esta inconsistencia está desnudando su falta de liderazgo autónomo.

Esperar a que se clarifique el ambiente para expresar ideas y plantear soluciones para el país, no es lo mejor. Arriesgarse a exponerlas significaría sana preocupación ante la confusión política del país y el ejercicio de desbrozar un norte, pondría en evidencia las condiciones de un verdadero estadista.

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