lunes 27 de enero de 2020 - 12:00 AM

Del 21N al 21E

Ojalá esta apreciación no signifique que se le va a restar importancia a las expresiones de inconformidad, porque podría convertirse en caldo de cultivo de la incertidumbre que se palpa en muchas aristas de la vida nacional.
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En noviembre pasado, líderes sindicales y estudiantiles llamaron a un paro nacional que produjo, como aspecto sobresaliente, un espontáneo y nutrido cacerolazo que hizo visible la inconformidad de un amplio sector ciudadano con la forma en que se conduce el Estado colombiano en múltiples tópicos. Animados por esta respuesta, decidieron hacer frecuentes convocatorias,con el propósito de establecer un mecanismo de presión que obligara al Gobierno a abocar la negociación formal de una serie de demandas reivindicatorias.

Con el inicio del nuevo año, el Comité de paro optó por retomar su objetivo mediante la invitación a un cacerolazo a las 5:00 p.m. del 21 de enero que, en realidad, no tuvo acogida. Ese día se sucedieron marchas estudiantiles y actos vandálicos similares a los que, con alguna frecuencia, han ocurrido a través del tiempo, lo cual ha dejado la sensación de debilitamiento de la protesta.

Teniendo en cuenta que en este lapso no se ha dado ningún hecho que pudiera significar corrección de rumbo a los diversos reparos que motivaron la manifestación del 21N, se ha llegado a pensar que dicho comité, con su profuso listado de solicitudes, no supo dar un alcance satisfactorio a la evidente situación de malestar reinante y que la ciudadanía no está de acuerdo con la continua alteración de sus actividades.

Interpretación que, al parecer, impulsó al Gobierno a indicar rápidamente que frente al pliego presentado muchos asuntos no son de su competencia, otros no tienen viabilidad política o económica y que solo un 13% será objeto de consideración mediante los programas sociales que contempla el Plan de Desarrollo vigente.

Ojalá esta apreciación no signifique que se le va a restar importancia a las expresiones de inconformidad, porque podría convertirse en caldo de cultivo de la incertidumbre que se palpa en muchas aristas de la vida nacional. Como bien anota el profesor Iván Garzón de la Universidad de la Sabana “cuando los reclamos no se tramitan de manera pronta y adecuada, la frustración, el resentimiento y la indignación se traducen en apoyos electorales a las versiones más radicales del extremo político”.

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