lunes 03 de agosto de 2009 - 10:00 AM

El Bicentenario

Se ha iniciado la conmemoración de los doscientos años de la independencia de la Nación, por lo menos en lo que se refiere al simbólico acto ocurrido el 20 de julio de 1810, aunque algunos preferirían que esta celebración se diera tomando como referencia el año 1819, cuando militarmente se puso fin a la presencia colonizadora española.

Al cabo de estos 200 años de historia, las naciones bolivarianas hemos sido sorprendidas atravesando procesos de desmembramientos, dispersión, egoísmos y enfrentamientos, los mismos por los cuales no fue posible la consolidación de una gran nación, como lo soñara El Libertador. No se ha podido encauzar la democracia por las vías incluyentes y de equidad, ni resolver los problemas de una sociedad, siempre al borde de los umbrales de la pobreza, trasluciendo condiciones de inestabilidad, violencia y obstáculos para el desarrollo.

A un año de este acontecimiento, se ha dado como adelanto la rememoración de la Ruta Libertadora que puso en evidencia el aislamiento de esta región, cuyos habitantes, al parecer, aún transitan por las mismas trochas de entonces. Este festejo representa una posibilidad para que la Nación se mire en perspectiva, sin la conservadora tendencia de volver la mirada hacia el pasado para alimentar grandezas frustradas o sentimientos de nostalgias y lamentos sobre lo que pudo ser y no fue. Los registros de la historia son para que el presente social los revalide y se los apropie para construir su futuro.

Debemos aprovechar esta oportunidad para tomar mejor conciencia de nuestros destinos; para retornar a lo básico, a plantear una acción que nos sitúe en la ruta de una sociedad dispuesta a entender la importancia de la convivencia pacífica, capaz de superar las mezquindades que dividen, que atrofian las instituciones, y obstaculizan la realización de las ideas que animaron la fundación de nuestra nación. Sin olvidar que una de las más promisorias de entonces, fue la de soñar con una expresión continental de unidad para estos países, hoy distorsionada por retóricas populistas, salpicadas por intervenciones indebidas, oscuras relaciones, y quebrantada por ambiciones personalistas que enturbian el mapa de su integración, mientras otras regiones avanzan claramente en la consolidación de su intercambio comercial y el debido respeto político.

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