lunes 08 de agosto de 2022 - 12:00 AM

El dedo en la llaga

La Gobernación, las alcaldías y las entidades ambientales deben tomar atenta nota de los peligros advertidos en esta investigación, contemplar la posibilidad de establecer un Distrito Regional de Manejo Integrado.

Este coloquial calificativo se puede aplicar al preocupante estudio ‘Las Fuentes de Agua de Bucaramanga: entre el abandono y la contaminación’, que el geotecnista Jaime Suárez Díaz presentó en el Open de Ingeniería, celebrado recientemente por la Sociedad Santandereana de Ingenieros.

Durante los últimos tiempos la ciudadanía se ha manifestado en forma erguida en defensa del Páramo de Santurbán y del suministro de agua para toda el área metropolitana. La preservación de este sistema ecológico se ha pretendido delimitar, absurdamente, por parte de las agencias ambientales con el trazado de una línea topográfica. Precisa el ingeniero Suárez que las corrientes hídricas que afloran en la zona alta del páramo se extinguen en época de sequía y que las verdaderas fuentes de las cuales nos abastecemos son los acuíferos Picacho-Berlín, Tona y Suratá, donde nacen los ríos Tona, Frío, de Oro, Manco, Suratá, Charta, del Hato y la quebrada Golondrinas.

Dichos almacenamientos subterráneos, ubicados por fuera del páramo que se intenta delimitar, se encuentran en grave riesgo por cuenta de los procesos exógenos a que se han sometido. La deforestación, la agricultura y la ganadería son comunes en los tres casos; pero, además, sobre el acuífero de Berlín se ha desatado una progresiva urbanización de su suelo y en el río Suratá ha aumentado la presencia de mercurio y cianuro, derivada de las prácticas mineras.

A la luz de este juicioso estudio se impone ampliar el espectro de la acción de protección de los recursos hídricos. Se demanda de las autoridades determinar las alteraciones ambientales y la contaminación inducida por las actividades allí desarrolladas; emprender un programa de reforestación en toda la zona; acometer la instalación de una planta de purificación en la confluencia del río Vetas con la quebrada La Baja; y construir depósitos seguros para aislar los relaves producto de la explotación aurífera.

La Gobernación, las alcaldías y las entidades ambientales deben tomar atenta nota de los peligros advertidos en esta investigación, contemplar la posibilidad de establecer un Distrito Regional de Manejo Integrado (DRMI) que proteja los acuíferos, y proceder con otras medidas regulatorias.

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