lunes 22 de abril de 2019 - 12:00 AM

El derecho a la Ciudad

La labor de una fuente de enriquecimiento inmaterial, como la que se va a poner en marcha, no puede reducirse al mero cometido de entretenimiento para determinadas élites.

Alguna razón les asiste a quienes expresan dudas e inquietudes con relación al cumplimiento de la gestión de integración social que está llamado a cumplir el Teatro Santander. De hecho, una institución de esta magnitud debe provocar -y es bienvenida- una discusión proactiva en relación con su orientación, puesto que corresponde a la propia comunidad idear las formas de participación, y es el espíritu de la colectividad el que tiene que hacer el trazo de su destino.

Como establece la Carta por el Derecho a la Ciudad, promulgada en la Conferencia ONU Hábitat de Quito, los centros urbanos, como fin principal, han de “ejercer una función social garantizando a todos sus habitantes el usufructo pleno de los recursos que la misma ciudad ofrece. Es decir, debe asumir la realización de proyectos e inversiones en beneficio de la comunidad urbana en su conjunto, dentro de criterios de equidad distributiva, complementariedad económica, respecto a la cultura y sustentabilidad ecológica, para garantizar el bienestar de todos los habitantes, en armonía con la naturaleza para hoy y para las futuras generaciones”.

En ese contexto, debe comprenderse que la cultura es un principio fundamental a través del cual se afianza la dignidad individual y el beneficio colectivo. Es preciso dar forma al derecho de la persona a estar activa en su comunidad y a ser educada para su entendimiento, aprovechamiento y capacidad de realización, sin perder de vista la fuerza viva de sus tradiciones. La labor de una fuente de enriquecimiento inmaterial, como la que se va a poner en marcha, no puede reducirse al mero cometido de entretenimiento para determinadas élites.

La recuperación del Teatro Santander constituye circunstancia propicia para que quienes aspiran a dirigir los destinos de la Ciudad expongan su compromiso y los principios rectores a partir de los cuáles entienden la competencia de la actividad cultural en el proceso de creación de ciudadanía. Sería deseable buscar la manera para que se destine una apreciable proporción del aforo del Teatro, en todas sus funciones, para el disfrute de estudiantes de escuelas y colegios oficiales.

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