lunes 10 de agosto de 2020 - 12:00 AM

El poder de la entereza

Ángela Merkel estremeció al mundo político alemán con su comunicado en el que reprochaba a Kohl por el daño causado a la CDU, no obstante haber ejercido los ministerios de la Mujer y del Medio Ambiente en sus mandatos
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Como anota Juan Esteban Constain, en el prólogo, es paradójico que un libro sobre un personaje anodino y gris resulte apasionante. Tal es el caso del ensayo biográfico Ángela Merkel, la física del poder, de las periodistas colombianas Patricia Salazar y Christina Mendoza.

Los principios de templanza, responsabilidad y altruismo que le fueron trasmitidos por su padre, pastor luterano misionero en una apartada región de Alemania Oriental, se convirtieron en su más preciado capital. Su carácter implacable y el especial don para estar en el momento preciso y en el sitio indicado le facilitaron, a la tímida y distante Doctora en física, sortear las difíciles situaciones que se le plantearon en su vertiginoso ascenso político que inició cuando cayó el muro de Berlín en 1989.

Los sucesivos escándalos por espionaje, que dieron al traste con las carreras de sus jefes en su partido Despertar Democrático y, luego, en la Alianza por Alemania (CDU), le permitieron ocupar los puestos que dejaron vacantes y proyectarse como la mujer emblemática de la Alemania unificada.

El canciller Helmuth Kohl, quien fue su mentor e impulsor, salió derrotado en 1998, tras un mandato de 16 años, al comprobársele la recepción de donaciones secretas. Ángela Merkel estremeció al mundo político alemán con su comunicado en el que reprochaba a Kohl por el daño causado a la CDU, no obstante haber ejercido los ministerios de la Mujer y del Medio Ambiente en sus mandatos: “nos corresponde a nosotros y menos a él, asumir la responsabilidad por el futuro del partido... el partido tiene que aprender a caminar sin su viejo caballo de batalla, comportarse como alguien que en la pubertad aprende a independizarse de su hogar para emprender su propio camino”. Bajo su conducción el CDU recuperó el poder y Merkel es canciller desde 2005.

La forma de marcar distancias se ve reflejada en su talante: “dejar que todo caído por cuenta de errores que pudiesen haber sido atenuados mediante el ejercicio de decir la verdad a tiempo, beba hasta la última gota del caldo amargo de su fracaso en solitario”.

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