lunes 04 de diciembre de 2023 - 12:10 AM

Alvaro Beltran Pinzón

El primer embajador

El ilustre coterráneo Antonio Cacua Prada fue exaltado como Miembro Honorario de la Academia Colombiana de la Lengua, en lucida ceremonia que estuvo matizada con sentidas canciones de nuestro folclor.

Nació en San Andrés, provincia de García Rovira, el 11 de febrero de 1932; estudió en San José de Miranda; y se graduó de periodista, abogado y economista en la Pontificia Universidad Javeriana. De recia estirpe conservadora, ejerció como secretario de Gobierno de Santander, representante a la Cámara, senador de la República, diplomático, profesor universitario y prolífico escritor.

En el acto, celebrado en Bogotá, presentó el libro Don Manuel Torres. Primer embajador colombiano en Washington, con el cual pretende rescatar de un injusto olvido a este singular personaje bautizado inicialmente con el nombre Manuel de Trujillo y Torres, en Córdoba, España, en 1764, quien por cuenta de los avatares de su apasionada vida se convirtió en efímero diplomático colombiano.

Por invitación de su tío, el arzobispo Antonio Caballero y Góngora, se radicó desde temprana edad en nuestro territorio. No obstante su origen natal, dedicó su existencia a colaborar con la naciente revolución, hecho que le mereció ser acusado de rebelión contra la corona. Fue obligado a abandonar el país y se estableció en Filadelfia, Estados Unidos, en 1796, desde donde alentó a los patriotas del continente que lo visitaban en busca de consejo y apoyo. En 1806 se hizo amigo del libertador Simón Bolívar, en cuyo nombre gestionó préstamos, ayudas y envíos de armas, y ofició como comisionado y promotor del reconocimiento diplomático para la naciente república.

Invirtió tiempo y capital a la causa independentista, adquirió notable importancia en la ciudad que por ese entonces se consideraba el foro de la libertad americana, y se ocupó de la difusión del idioma español en Norteamérica. Logró presentar credenciales como embajador de Colombia al presidente James Monroe, el 19 de junio de 1822, y pocas semanas después, el 15 de julio, murió en la inopia.

La publicación de esta biografía ratifica la infatigable actividad del intelectual Cacua Prada, a quien el director de la Academia Colombiana de la Lengua, Eduardo Durán Gómez, califica como cultor de la disciplina y la excelencia.

Desde la gobernación y la rectoría de la UIS fui testigo de su infatigable vocación de servicio, su disposición para emprender acciones de beneficio regional, y del honor y compromiso que significa ser santandereano.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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