lunes 11 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Equívocas actuaciones

Su actitud pone de presente la confusión que asiste al Primer Mandatario al querer interpretar que sus representantes la encarnan (la institucionalidad)
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Recientes encuestas de opinión confirman la paulatina pérdida de credibilidad en instituciones trascendentales para el funcionamiento de la Nación, ante su falta de eficacia o por el alejamiento de los responsables a la observancia de los propósitos de bien común, razón fundamental de su existencia. Al respecto, cada día son más nutridas las voces que desde diferentes medios y escenarios abogan por la recuperación de la institucionalidad.

El cumplimiento de este anhelo se ofrece bastante complejo a juzgar por las incoherencias de las actuaciones presidenciales. Así se ha reflejado desde el momento en que optó por objetar seis artículos de la Ley reglamentaria de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y embarcó al país en una discusión estéril de tres meses, que se sabía fallida, pues su argumentación contrariaba posiciones claramente definidas por la Corte Constitucional. Los repetidos fracasos en el trámite legislativo ha pretendido justificarlos con la sana decisión de no permitir la intromisión de retribuciones burocráticas a cambio de su aprobación.

La moción de censura que estaba a punto de votar el Congreso de la República en contra del Ministro de Defensa, y que obligó al retiro del funcionario por la vía de la renuncia, es consecuencia de la obstinación del Ejecutivo por sostener en sus puestos a miembros del gabinete, altos comandantes militares y burócratas de rango superior, a pesar de sus yerros, con la excusa de salvaguardar la institucionalidad. Su actitud pone de presente la confusión que asiste al Primer Mandatario al querer interpretar que sus representantes la encarnan, cuando es universalmente aceptado que las instituciones están por encima de los titulares que las dirigen.

Estos referentes debieran ser suficientes para que el Presidente tome nota de la importancia de administrar con mejor criterio la designación de personas que van a desempeñar cargos de responsabilidad y de competencia. El mismo celo con el que ha manejado sus relaciones con los políticos en el proceso legislativo podría servirle para corregir su inclinación a darle cabida a posiciones insostenibles, o mantener a empleados ineptos, para congraciarse con voceros de su propio partido.

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