lunes 11 de febrero de 2019 - 12:00 AM

Errores y desvergüenza

Desde el traslado de la responsabilidad en la planeación, ejecución y control de todo el proyecto a las Empresas Públicas de Medellín (EPM), hecha por parte de la sociedad Hidroituango, que limitó su gestión a un simple acompañamiento, los desatinos gerenciales y de ingeniería han sido el común denominador.

Al error en la selección del sitio de la presa y los cambios introducidos al diseño original, se han sumado graves medidas tomadas bajo el efecto de la angustia ante el desfase de los cronogramas de actividades. La adopción de la infortunada “cláusula de aceleración” conllevó desaciertos lamentables, que atendieron razones financieras, sin consultar los mínimos de precaución indispensables en tan delicada construcción.

El llenado de la represa antes de la conclusión de obras esenciales; el colapso de un túnel de desviación, por falta de revestimiento en sus paredes; el sellamiento con concreto de los ductos de evacuación; la desesperada inundación de la sala de máquinas, fueron decisiones que condujeron al reciente cierre de las compuertas de descarga, ocasionando un ecocidio de grandes proporciones.

La calamidad ambiental y la crisis humanitaria y económica que padecen las comunidades, cuya existencia está articulada al río Cauca, se ha tratado de minimizar con la disposición de 739 personas, provistas de bolsas plásticas, con la misión de salvar la mortandad de peces aguas abajo. Un recurso macondiano y una maniobra estéril que solo podrá suscitar una mayor indignación pública, pues lo que ahí se advierte, una vez más, es la astucia para evadir la culpabilidad que se deriva de tantas imprevisiones y tantos yerros en el desarrollo de esta iniciativa empresarial que no se ha aplicado a mitigar las afectaciones del entorno ni a ponderar su responsabilidad social.

Ahora, los encargados de las fatales determinaciones se esfuerzan por crear argumentos que diluyan sus fallas o ligerezas, y los entes de control ambiental, fiscal y disciplinario desplazan comisiones de investigación, que solamente verificarán la nueva realidad de nuestra geografía, según la cual el ecosistema del río Cauca nace en el Macizo colombiano y muere en la represa de Ituango.

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