lunes 26 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Gobernanza del agua

No contaminar y no malgastar el líquido vital debe conver-tirse en el principio rector del compor-tamiento social, que nos con-duzca a su sano aprovechamiento
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La restauración y preservación del ciclo hidrológico está llamado a ser el eje central del debate político que culminará el 27 de octubre con la elección del gobernador y los alcaldes de los 87 municipios santandereanos. No contaminar y no malgastar el líquido vital debe convertirse en el principio rector del comportamiento social, que nos conduzca a su sano aprovechamiento y a evitar que sus dinámicas se conviertan en amenazas para las comunidades. Es imperativo que el territorio se ordene alrededor del agua.

La circunstancia de que en el país operen diferentes alcances y responsabilidades en los ámbitos nacional, metropolitano, citadino y rural nos ha conducido a tener una precaria capacidad para asegurar los trazos de un crecimiento armónico, prevenir conflictos y encauzar, en debida forma, las transformaciones urbanas, agroindustriales y extractivas.

El concepto de gobernanza del agua nació en la Cumbre de la Tierra de 1992, organizada por la ONU en Río de Janeiro, cuando se sentaron las bases de un mundo de prosperidad, paz y sustentabilidad. Un complejo problema, cada vez más inquietante para el destino de la humanidad, que ha llevado a idear líneas de acción y de principios que se traduzcan en instancias efectivas, eficientes, coherentes e integradoras del esfuerzo común que amerita el tratamiento de este preciado bien.

Según la OCDE, el asunto se ve agravado por la alta fragmentación ocasionada por el hecho de que las fronteras hidrológicas y los perímetros administrativos no coinciden. La gestión involucra en la toma de decisiones a gran variedad de actores públicos y privados, con y sin fines de lucro, y está estrechamente vinculada a dominios que son fundamentales para el desarrollo, incluyendo la salud, el medio ambiente, la agricultura, la energía, la planificación espacial, el progreso regional y la mitigación de la pobreza.

Las interdependencias que se presentan entre los distintos órganos de dirección requieren adecuada coordinación para prevenir o corregir efectos funestos. Hacer frente a este desafío plantea “no solo el cuestionamiento de qué hacer, sino también quién hace qué y por qué, a qué nivel de gobierno y el cómo”.

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