lunes 10 de noviembre de 2008 - 10:00 AM

¿Cuál es el límite?

Los recientes y vergonzosos episodios sucedidos alrededor de las desapariciones forzadas en que se han visto comprometidos algunos integrantes del Ejército de Colombia, y el llamamiento a calificar servicios hecho a importante número de militares y que conllevó al retiro de su propio comandante, pueden interpretarse en dos direcciones.

De un lado, como la ratificación del mundo de barbarie en el que se debate una parte de nuestra sociedad con un claro desprecio por las más elementales consideraciones de los derechos humanos, y que atiende sólo el aterrador principio de que todo vale en aras de conseguir beneficios particulares; pero también, como la voluntad de afrontar con decisión estas manifestaciones de descomposición y producir un escarmiento que notifique a todos los responsables de que no se puede proceder impunemente contra toda moral, contra todo respeto por la persona humana, o, simplemente dejar pasar las cosas o no tomar acciones posibles que conduzcan a evitar los abusos, sin atenerse a las consecuencias.

Lo cierto es que cada vez son más las inquietudes que emergen desde esta situación de crisis social y de valores sin que se alcance a vislumbrar cual es el límite, hasta dónde van a llegar los excesos y el extremismo de las atrocidades; hasta dónde se puede desfasar, sin llegar a su disolución, una sociedad que ha perdido los contornos de su sensatez tanto en el ejercicio de la política como en la ética ciudadana; es decir, de atención mínima a los principios fundamentales de convivencia y de respeto a la vida, que son los que se sitúan entre los presupuestos de estos extravíos.

Las democracias son frágiles porque dependen de su capacidad de autodeterminación para procurarse un orden, una estabilidad normativa que preserve la equidad y, sobre todo, para estimular la voluntad de los ciudadanos a actuar conforme a los principios de civilización sin los cuales no puede subsistir sociedad alguna. Éste es el punto crucial y el asunto para indagar, en nuestra conciencia ciudadana, acerca de las reservas morales de que disponemos para recomponer nuestra vida social con un compromiso más grande y colectivo sobre lo que debe ser el ejercicio político y el rumbo de la Nación.

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