lunes 09 de febrero de 2009 - 10:00 AM

¿Fin al retraso vial? (Parte 2)

La circunstancia de que el Director encargado del INVIAS haya revocado el proceso licitatorio del importante paquete vial que forma parte de la respuesta a la crisis económica mundial, nos obliga a retomar el tema de nuestra columna anterior, en la cual se destacaba la importancia de la elaboración previa de trazados y estudios geotécnicos, y anotábamos que ojalá el acelere para efectuar estas contrataciones no se viera afectado por la imprevisión.

Dicho y hecho. Ahora, ante la evidencia de la falta de estudios, se da marcha atrás 'para ajustar la actuación de la Entidad, adecuando la matriz de riesgos previsibles'; un asunto equívoco que da pie a preguntar si la premura con la que actuó el Director titular del INVIAS obedecía a su débil posición frente a su destitución por la Procuraduría.

¿Y qué decir sobre la responsabilidad del Ministro de Transporte ante el insólito intento de comprometer a la Nación en una arriesgada e indefinida contratación de $2.5 billones que, seguramente, traería incumplimientos y pleitos con los contratistas? Quizás nada pase, pues ya se ha visto cómo otros programas y acciones del Instituto se han venido a pique sucesivamente, como ocurrió con el pavimento de larga vida (PLV), luego con la ejecución de obras por gerencias, el desbarajuste del Plan 2500 y, ahora, los corredores arteriales de competitividad.

Para Santander es lamentable esta situación, pues quedan nuevamente aplazadas soluciones vitales como la segunda calzada Bucaramanga-Cúcuta, la transversal del Carare, y la troncal central del Norte. Y nada está claro en la proyectada doble calzada Bogotá-Bucaramanga, cuya solución ha sido alegremente encomendada a los tres concesionarios viales con presencia en esta zona, sin definir claramente el alcance y compromisos generados por la propuesta que elaboren. Los tres años que llevan los anuncios de la licitación de la doble calzada a Cúcuta, hubieran podido utilizarse en hacer diseños confiables y en definir la solución del empalme hacia Bogotá, bien sea por Floridablanca o por Sevilla, como parece ser lo más lógico.

Ojalá que esta situación traumática pero necesaria signifique el enderezamiento cierto de la errática política vial que nos ha caracterizado y que estrangula las posibilidades de desarrollo armónico del país.

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