lunes 02 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

¿Jugando con candela?

Se espera que en los próximos días comience a mermar la presencia de manifestantes en las calles debido al can-sancio que ya acusa la ciuda-danía y la lle-gada de di-ciembre, con el tradicional ambiente festivo.
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Si algo ha quedado claro a partir de las movilizaciones del 21N es la existencia de un apreciable descontento con el estado de cosas en el que se debate el país. Como decíamos en anterior columna, cada uno de los protestantes tenía y tiene su particular reclamo y de ahí se desprende una gran complejidad para intentar alguna graduación y clasificación.

En esta coyuntura de dispersión, seguramente el presidente Duque encontró la rendija para colar una fórmula que le permitiera salir de la encrucijada en que lo ubicó la inusitada protesta. Su personalidad y la dificultad que le representa estar sujeto a comportarse dentro de los lineamientos radicales que esgrimen sus mentores y, en especial, el senador Uribe, le dificultan desmarcarse y establecer una agenda propia. Al declararse sorprendido con la variedad e intensidad de las demandas sociales, actitud que desdice de su potestad como primer mandatario, logró abrir un compás de espera hasta el 15 de marzo, jugada que, por dilatoria, puede resultar altamente peligrosa.

Se espera que en los próximos días comience a mermar la presencia de manifestantes en las calles debido al cansancio que ya acusa la ciudadanía y la llegada de diciembre, con el tradicional ambiente festivo. Sin embargo, de ninguna manera podría asumirse como superado este episodio que nuevamente estaría haciendo presencia el año entrante.

Sin querer queriendo, el Ejecutivo se autoimpuso una especie de interinidad que aporta motivos para nuevas protestas. Cualquier acción que emprenda será asimilada a una jugada engañosa, habida cuenta de la promesa de alcanzar una concertación antes de definir reformas sustantivas. Y si, por el contrario, dedica este tiempo al difuso conversatorio, como anotaba un desbordado crítico de su partido político, habrá perdido valioso trecho de gobierno.

Cuando el profesor Wasserman logre depurar el inventario recogido de solicitudes y de necesidades insatisfechas, el Presidente estará a las puertas de iniciar la parte final de su periodo y el sol empezará a ponerse a sus espaldas. Las causas de inconformidad proliferarán y es de pronóstico reservado vaticinar en qué circunstancias se debatirá la Nación para entonces.

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