lunes 31 de octubre de 2022 - 12:00 AM

La contaminación por mercurio

Se evidencia la distorsión de ciertos defensores ambientales que fijan su preocupación en las fuentes de abastecimiento y no dimensionan la perversidad que constituye el vertimiento sin desinfección de las aguas servidas.

Con el propósito de dimensionar el alcance y los peligros que implican la contaminación por mercurio de las estructuras hídricas que abastecen al área metropolitana de Bucaramanga, la Sociedad Santandereana de Ingenieros convocó a profesionales expertos en diversas ramas del conocimiento, quienes, durante tres días, hicieron ilustrativas exposiciones, al término de las cuales se lograron importantes precisiones:

El riesgo de toxicidad para los humanos se limita al consumo de mercurio orgánico y no del inorgánico. Ninguna forma orgánica está presente en la quebrada La Baja o en los ríos Vetas y Suratá; aunque sí es factible que se encuentre en depósitos estancados o en zonas cálidas, aguas abajo.

El Acueducto Metropolitano de Bucaramanga mantiene efectivos controles en las bocatomas, el procesamiento y la distribución, de tal manera que el agua dispuesta para el consumo de la población es de alta calidad y no representa amenaza alguna. Sin embargo, resulta indispensable que la autoridad ambiental exija el adecuado cierre de la mina abandonada por la empresa Eco Oro, donde se ha desatado una desmandada explotación, y establezca permanente monitoreo a lo largo de las corrientes de suministro para la detección de metales, no solo mercurio, y de elementos radioactivos; y que la Policía ejerza la prohibición sobre las actividades ilegales de tenencia, comercialización y uso del mercurio.

La Agencia Nacional de Licencias Ambientales, enredada en la delimitación del páramo, debería entender que no es posible circunscribir un sistema ecológico a una línea topográfica, y que la fracturación de las rocas de Santurbán provocaría descontrolado afloramiento de metales. Al Ministerio de Ambiente le corresponde determinar la configuración y características de los acuíferos que aprovisionan los acueductos regionales.

En este agite de la contaminación por mercurio se evidencia la distorsión de ciertos defensores ambientales que fijan su preocupación en las fuentes de abastecimiento y no dimensionan la perversidad que constituye el vertimiento sin desinfección de las aguas servidas, esas sí susceptibles de contener metilmercurio.

La planta de tratamiento de aguas residuales es necesidad inaplazable y constituye expresión de mínima justicia ambiental inherente a una ciudadanía responsable.

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