lunes 22 de agosto de 2022 - 12:00 AM

La importancia de la planeación nacional

Es preciso tener en cuenta cifras preocupantes: en 2019 el 83 % de los ingresos del país se gastaron en bienes de consumo, participación que subió al 91 % en 2021. La diferencia entre ingreso y consumo es el ahorro.

A mediados del siglo pasado el país emprendió un interesante programa de industrialización que desafortunadamente fue circunscrito a la sustitución de importaciones. Más adelante se descubrió que los artículos que requeríamos los colombianos eran más baratos si se compraban en el exterior. Con esta apreciación se desbarató el aparato productivo y nos convertimos en una economía basada en el consumo o, peor, en el consumismo. Para equilibrar la balanza de pagos se aceleró la explotación de insumos minero energéticos, y la planeación de nuestro futuro se limitó a aspectos de coyuntura.

Ahora que tenemos a la vista el declive de la demanda de combustibles fósiles -se calcula que en 2030 más del 40 % de los vehículos serán eléctricos- debemos prepararnos, no solo por consideraciones éticas de afectación climática sino por razones netamente monetarias, para incentivar las actividades generadoras de valor y con incorporación intensiva de mano de obra: cultivos con orientación agroindustrial, manufactura de productos primarios, turismo y servicios digitales.

Es preciso tener en cuenta cifras preocupantes: en 2019 el 83 % de los ingresos del país se gastaron en bienes de consumo, participación que subió al 91 % en 2021. La diferencia entre ingreso y consumo es el ahorro, hoy prácticamente insignificante. Sin ahorro no hay inversión, no habrá generación de riqueza, y menos aún posibilidades de redistribución para lograr una sociedad más igualitaria.

El aumento de la pobreza, que se pretende ocultar con el tradicional crecimiento del PIB, mediocre con excepción del provocado luego de pandemia, nos avoca a replantear el modelo de gestión económica. Inminencia que crispa a unos y crea excesivas expectativas en muchos.

La explicación sobre la necesidad de cambio del sistema productivo y en la estructura de consumo la había iniciado en forma didáctica el profesor Ferrari. Tarea que recaerá en el ponderado economista Jorge Iván González desde la dirección de Planeación Nacional. Precisar que el proceso no es rápido, ni fácil, ni sencillo, y que tomará décadas su implementación, resulta esencial; ayudaría a evitar tantos juzgamientos apresurados, así como a enfocar a uno que otro ministro despistado.

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