lunes 25 de mayo de 2020 - 12:00 AM

La nueva normalidad

La nueva normalidad nos exige altas dosis de responsabilidad y de disciplina social, así como tener presente que el camino es largo y rendirse no es una opción.
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Con la decisión presidencial de terminar la cuarentena que nos viene cobijando desde marzo y dejar en manos de alcaldes y gobernadores, a partir del 1 de junio, las medidas que permitan activar sectores productivos y recuperar en mayor o menor grado la movilidad ciudadana, se inicia una nueva normalidad en el país.

El confinamiento obligatorio respondió a la necesidad de aplazar la propagación del COVID-19, para dar tiempo a la adecuación y puesta a punto de las instalaciones hospitalarias y de los servicios de salud y facilitar la pedagogía sobre los peligros de la infección, los cuidados personales y normas de higiene que se deben observar para evitar el contagio. Sin embargo, el aislamiento llegó a la fatiga y se ha vuelto insostenible como consecuencia de afectaciones sociales, sicológicas y económicas. No es posible mantener encerrada a toda la población, y ahora se requiere encarar la pandemia, retomando cautelosamente la actividad, si no se quiere incurrir en la eventualidad de un mal superior.

Este momento demanda un remozado liderazgo que exige hablar con la verdad, ofrecer salidas, valorar cualidades, conquistar metas, ponernos en el lugar de los demás, superar espirales de estrés, actuar solidariamente ante situaciones desafortunadas y desarrollar la capacidad de resiliencia comunitaria para adaptarnos a esta contingencia, so pena de quedar rezagados en un mundo globalizado que avanza a pasos agigantados.

Es preciso vencer el miedo que paraliza y que nos convierte en sujetos fáciles de manipulación o víctimas de forcejeos de poder o de inescrupulosos banqueros. La vacuna en la que se trabaja es fundamental pero no puede ser condicionante para habilitar la recuperación de nuestros derechos básicos. Cada cual tiene que asumir el compromiso del autocuidado.

La nueva normalidad nos exige altas dosis de responsabilidad y de disciplina social, así como tener presente que el camino es largo y rendirse no es una opción. Sabemos que la pandemia seguirá y que debemos, por sobre todo, reemprender la acción para buscar salidas a las graves falencias de inequidad y de discriminación que han quedado en evidencia en este obsoleto modelo de democracia.

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