lunes 18 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Los retos del paro

Para los simpatizantes de la movili-zación se con-vierte en un reto conseguir que no se presenten actuaciones de grupos vandálicos que desaten delicadas alte-raciones del orden público
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En el contexto de la agitación política y social que se vive en varios países latinoamericanos, se presenta el llamado de las centrales de trabajadores, organizaciones estudiantiles y del magisterio a un paro general de actividades, el próximo jueves 21 de noviembre, que ha despertado natural inquietud en diferentes instancias de la vida nacional.

Al respecto, el Gobierno ha estado particularmente activo al convocar a representantes de los sectores gremial y sindicalizado para darles un mensaje de tranquilidad en relación con las reformas laboral y pensional que, a pesar de haber sido anunciadas en algún momento, aún no avanzan en su trámite legislativo y sobre las que ha señalado que aspira a lograr consenso previo. También expresa el ánimo conciliatorio en la fijación del nuevo salario mínimo y que no acogerá la propuesta de rebajar al 75% el estipendio para los jóvenes que accedan al primer empleo.

Más allá de las motivaciones mencionadas por los promotores, no parecen existir causas puntuales que identifiquen la protesta y más bien se percibe que cada marchante tendrá su propia razón. En un país con altas desigualdades, innumerables necesidades básicas insatisfechas, progresiva inestabilidad política, aberrantes hechos de criminalidad, preocupante crisis institucional y galopante corrupción en todos los niveles, es comprensible encontrar justificaciones a la creciente indignación.

Para los simpatizantes de la movilización se convierte en un reto conseguir que no se presenten actuaciones de grupos vandálicos que desaten delicadas alteraciones del orden público, que provocarían el rechazo ciudadano y darían al traste con la legitimidad de la reclamación al ser estigmatizada como el producto de propósitos ideados en otras latitudes. Por su parte, para el presidente Duque y su equipo de colaboradores, el desafío radica en saber escuchar estos signos de alerta social sobre los que ningún gobierno puede concederse el espacio de desatender, minimizar o ignorar.

Para Colombia entera esta jornada se ofrece como una auténtica posibilidad para reflexionar respecto a la urgencia de corregir comportamientos y ofrecer mayores espacios de apertura e inclusión democrática, que permitan asegurar el buen rumbo de nuestro futuro.

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