lunes 01 de julio de 2019 - 12:00 AM

Moralismo y política

Llamado de atención que se convierte en alerta para la ciudadanía que debe afinar su sentido crítico y actuar con mayor discernimiento para no caer en las trampas que teje la artimaña política.

En reciente columna en el periódico El Tiempo, Margarita Rosa De Francisco señalaba que “es curioso que un país de corruptos sea tan moralista”, y que “Colombia está llena de gente que identifica la política con una secta religiosa que se da el lujo de establecer qué es lo indecente, lo oprobioso y lo contaminante y se escandaliza de que su superstición no sea considerada la medida absoluta del recto comportamiento humano”.

Anotaba, además, que el moralista colombiano no es un pensador sino un narcisista que ve el mal como algo externo a su ser y explota la débil formación personal de gran parte de los ciudadanos, “criados a rejo por una cultura patriarcal que lo hará confundir a un capataz con su guía espiritual”. Interesantes reflexiones las que viene planteando Margarita Rosa, quien, no solamente se ganó la simpatía nacional con sus múltiples facetas sino que, ahora, se destaca como talentosa y sensible observadora de la condición humana. En este caso explora un acercamiento de los aspectos religioso y político sobre la base de las sensibilidades predispuestas a sumarse activamente en cruzadas de redención.

Es el recurrente círculo vicioso de la moral que, de forma astuta, deslinda el campo del “mal”; establece una conducta, asimilable a un pecado, falta u obstáculo, o clasifica a un grupo de personas como amenaza, para, de esta manera acomodaticia y por exclusión, delimitar el espacio del “bien”.

Llamado de atención que se convierte en alerta para la ciudadanía que debe afinar su sentido crítico y actuar con mayor discernimiento para no caer en las trampas que teje la artimaña política. No se puede olvidar que esos momentos cruciales de las comunidades muchas veces son fabricados a propósito de las coyunturas electorales, y es ahí cuando emergen los profetas, los promeseros, los creadores de culpas y miedos, los adalides de salvaciones espurias.

Estos son los caminos torcidos que ha tomado la política, ante la ausencia del avezado estadista y visionario que interprete y acierte con el rumbo del buen destino de la sociedad y de la Nación entera.

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