lunes 16 de febrero de 2009 - 10:00 AM

Oficios de paso

El respeto por lo público es uno de los grandes valores en los cuales se sustenta el ejercicio democrático, y debiera ser referencia obligada para quienes desempeñan funciones del Estado en cualesquiera de sus instituciones.

Ha de convertirse en exigencia fundamental, su consagración, con plena atención, a la tarea que le ha sido asignada y la entrega, con todas sus energías y espíritu creativo, al cumplimiento de su deber con sentido de pertenencia institucional.

Sin embargo, lamentablemente esto no es lo usual en el desempeño de los funcionarios, pues se percibe con cierta frecuencia la desfiguración paulatina de esta responsabilidad ciudadana, toda vez que la toman como la atalaya para otear nuevas oportunidades hacia alternativas que les permitan su mejor reacomodo burócrático. Es así como convierten el cargo en un oficio de paso, al que no atienden de la forma más expedita y responsable, sino con una marcha calculada y concentrada en tejer argucias para la conquista de otros espacios más llamativos de poder.

Y es cosa de anotar con asombro cómo algunos no se paran en mientes para utilizar las ventajas de su cargo e incluso los recursos públicos para integrarlos con astucias demasiado visibles en beneficio de sus propias ambiciones. Tal es el caso del Director del Fondo Nacional de Ahorro que se ha convertido en presentador de las promociones de esa institución, y ha inundado la televisión y otros medios con sus cuñas publicitarias. Paralelamente ya se filtra en los mentideros políticos su próximo retiro para aspirar a una curul, suponemos en el Senado de la República, teniendo en cuenta el cubrimiento nacional de su propaganda.

Bueno sería que la sociedad esté más vigilante sobre estos comportamientos aviesos y otras triquiñuelas, ahora que se avecinan grandes contiendas electorales. No obstante, más allá de esta coyuntura, lo que se requiere es crear la conciencia de una mayor responsabilidad con lo público, para que el funcionario aprenda que si la democracia lo llama para el desempeño en algún cargo del Estado, es su cabal cumplimiento lo que le atañe y no buscar sibilina manera de retorcer la tarea que le ha sido encomendada, para distraerla en beneficio de sus propias ambiciones.

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