lunes 02 de marzo de 2009 - 10:00 AM

Oportunidad liberal

Complace la actitud del ex presidente César Gaviria quien, en reciente entrevista, toma distancia frente al entusiasmo reeleccionista, al advertir sobre la inconveniencia que para la democracia significa la perpetuación en el poder de una misma persona, pues es la vía más propicia al totalitarismo.

Reconforta su voluntad para rescatar al liberalismo de la condición de partido de reacción en que ha caído, para llevarlo hacia iniciativas autónomas, y abre esperanzas sobre su retorno al poder, pues esa es su vocación y, además, es la necesidad de la Nación.

Es entonces la hora de volver sobre los principios que sustentan las democracias más genuinas. De fijar la más estricta atención a los valores de la humanidad que han sido consagrados en la política moderna, relativos a los derechos humanos, salud, educación y bienestar social, los cuales han permitido a otros países avanzar hacia la construcción de una sociedad equitativa, más universal, más respetuosa de la ley, más sensible al acogimiento de la diversidad y del pluralismo pero, lo más importante, con identidad común.

Razón tiene el presidente Obama, cuando dice que: 'No hace falta ninguna encuesta para saber que la inmensa mayoría de los americanos, sean republicanos, demócratas o independientes, están hartos de la zona muerta en la que se ha convertido la política, en la que intereses que representan a muy pocos tratan de conseguir ventajas y las minorías ideológicas intentan imponer su particular versión de la verdad. Seamos de estados rojos o azules, sentimos en nuestras entrañas la falta de honestidad, rigor y sentido común del debate político y nos disgusta lo que parece una retahíla continua de alternativas falsas o idénticas'.

Ante ese sentimiento, que sin duda compartimos la mayoría de los colombianos, queda entonces la centralidad de los principios liberales que hoy se constituye en el punto obligado de referencia para actuar en beneficio de la unión y del acogimiento de las diversas fuerzas democráticas y, por supuesto, se impone una nueva forma de hacer política, mediante un liderazgo que sea capaz de basarse en construir sobre todo lo que nos une, apartando esa polarización que peligrosamente asoma por todas partes y que puede costarnos el futuro del país.

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