lunes 29 de julio de 2019 - 12:00 AM

Sin aliento

El doloroso sacrificio de líderes sociales continuará por cuenta de los grupos mercenarios derivados de las organiza-ciones paramilitares

Más allá de la repetida convocatoria presidencial a la unidad nacional, la nueva legislatura parece que dejará un pobre balance, a juzgar por la limitada agenda que se ha conocido. Todo hace pensar que estará marcada por las “jugaditas” que caracterizan el ejercicio político en nuestro país y que se verá afectada por el ausentismo de los congresistas, quienes darán prelación a la actividad proselitista para afianzar sus espacios de poder, con motivo de las elecciones regionales de octubre.

El Congreso, lejos de ocuparse de las graves circunstancias que acentúan desequilibrios orgánicos de la Nación, se verá copado en su accionar por el trámite de la reforma que busca establecer una segunda instancia retroactiva para los aforados que, por tratamiento preferencial, recibieron condena de la Corte Suprema de Justicia. A esta iniciativa de claro favorecimiento personal se sumarán algunas con sabor populista, también propuestas por el Centro Democrático, como son el otorgamiento de una prima extralegal para los trabajadores que devenguen hasta tres salarios mínimos y la licencia de quince días para quienes contraigan unión marital.

En el aspecto económico las dificultades se acrecentarán debido a la desfinanciación de lo que, con toda razón, se denomina la bomba pensional y la fallida concepción del sistema de salud, que seguirán siendo aliviadas con medidas superficiales. La estructura fiscal deficitaria se encubrirá con la venta de activos, recurriendo a contabilizarlos, engañosamente, como ingresos ordinarios, y resultará intrascendente la protesta frente a la insólita intención del Gobierno de asumir las deudas bancarias de los concesionarios de la Ruta del Sol II.

El doloroso sacrificio de líderes sociales continuará por cuenta de los grupos mercenarios derivados de las organizaciones paramilitares y de desertores del proceso de paz, que asesinan personas ya sea por conflictos de tierras, convicciones políticas o demandas comunitarias, a la medida de los requerimientos de sus contratantes.

Este oscuro panorama no se compadece con la celebración bicentenaria que, conforme a la manifestación del presidente Duque, debería servir para “construir una nueva historia” acorde con un derrotero transformativo, de hondo calado, para nuestra sociedad.

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