lunes 23 de marzo de 2020 - 12:00 AM

Un alto en el camino

Los altos en el camino que desatan imprevisibles crisis en la humanidad son también momentos de lección. Ocasiones para revisar el trecho andado; para restaurar la vigencia de principios olvidados
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La parálisis que ha provocado el brote de enfermedad por el COVID-19 ha de servirle a la humanidad para hacer una honda reflexión sobre el valor fundamental que representa la vida por encima de cualquier consideración de orden económico o político. Los colombianos debemos asumir una conducta responsable y solidaria que permita comprender y superar dislates y falta de coherencia en el manejo de la emergencia, como ha sido la ausencia del temprano control en el aeropuerto El Dorado y, a nivel local, la demora en la habilitación de laboratorios clínicos para practicar los exámenes de diagnóstico.

El apoyo de la ciudadanía al simulacro de autoaislamiento obligatorio, que está concluyendo, tiene que redoblarse con la cuarentena general ordenada por Decreto Presidencial hasta el 12 de abril. Determinación que nos aboca a dimensionar la magnitud del riesgo en el que estamos inmersos y a profundizar en la importancia de la higiene y los procedimientos preventivos, así como a evidenciar que sí está a nuestro alcance frenar su propagación con medidas de cuidado personal y de responsabilidad social. Conocer el problema y establecer maneras de contención es, de por sí, el comienzo para la solución.

En la misma forma, la reflexión nos inducirá a imaginar escenarios de agravamiento de no tomar las debidas acciones. Frente a una situación de peligro, la peor actitud que puede precipitar al colapso es dejarse llevar por el pánico y el descontrol. Por ello es preciso identificar procesos de producción y abastecimiento de alimentos y artículos esenciales que, además de no ser contaminantes o difusores de la epidemia, nos aproximen a desechar la eventualidad de una carestía que significaría la catástrofe elevada a proporciones incalculables.

Los altos en el camino que desatan imprevisibles crisis en la humanidad son también momentos de lección. Ocasiones para revisar el trecho andado; para restaurar la vigencia de principios olvidados; para evolucionar en metodologías y modelos educativos; para salvaguardar el patrimonio natural; y para reaprender que solamente mediante la solidaridad, el compromiso colectivo y la conciencia ciudadana será posible propiciar el buen destino de la sociedad.

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