lunes 01 de marzo de 2021 - 12:00 AM

Un gran pacto por la democracia

Ha de subyacer, en el ánimo esencial de las democracias, el espíritu de paz y de concordia, una divisa que se ha extraviado por el empecinamiento en las violencias.
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La fundamentación de la sana convivencia debería convertirse en el eje temático y en el horizonte hacia donde se podría avanzar en los intentos que se están haciendo para buscar salidas alternativas y renovadoras de la política. La consolidación de una fuerza común, de una convocatoria por la unidad de objetivos y la convergencia en la voluntad de cambio permitirían enfrentar, con realismo y perseverancia, los problemas de la sociedad que se han vuelto endémicos. Propósito que se encausaría si se reconstruye la democracia como espacio de encuentro, a partir del impulso que propicia el anhelo por una vida más amable para todos.

Ha de subyacer, en el ánimo esencial de las democracias, el espíritu de paz y de concordia, una divisa que se ha extraviado por el empecinamiento en las violencias. Por la obcecación de apelar al recurso de las soluciones drásticas que, hoy por hoy, tienen al país con una de las caracterizaciones más desfavorables en el ámbito internacional. Situación derivada de la zozobra permanente que pesa sobre tantos sectores poblacionales vulnerables, regiones olvidadas, opciones de reivindicación legítima e, incluso, ante el ejercicio de la crítica que han sido paulatinamente estigmatizadas por una corriente aventurera, ventajosa, facilista, fanática y rencorosa, que atiza la discordia, los odios y la confrontación estéril.

Un estado de cosas en el que ni siquiera la consigna cristiana del memento mori ha escapado de la tergiversación de los violentos. De quienes han querido asimilar esta advertencia, del fin inevitable de nuestra frágil existencia, en fatídica amenaza para la vida de los contradictores. Conviene tener presente que, en la segunda de las Consideraciones intempestivas, Nietzsche opone a la noción del memento mori el estimulante mandato del memento vivere, recordatorio de que has de vivir.

Una cuestión de énfasis. Un llamado a la reafirmación de la humanidad en su valor esencial; una aspiración cuya validez se hace cada vez más tangible, si establecemos, como principio rector de nuestro comportamiento, el cuidado y preservación de todo lo que constituye la delicada fuente de las redes vitales.

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