lunes 08 de diciembre de 2008 - 10:00 AM

Una lección por aprender

No deja de crecer la incertidumbre social generada por la crisis de DMG y diariamente aparecen nuevas implicaciones que precipitan con su estigma las más variadas reacciones que van desde el desconcierto, hasta los ayunos del Gobernador de Nariño, así como las inesperadas repercusiones en la política nacional.

El reciente artículo del analista Iván González en la Revista Digital Razón Pública, apunta con pedagógico interés al esclarecimiento de la lógica en la cual se sustentaba este audaz ejercicio que era una combinación de los principios de una pirámide especulativa convencional, más la aplicación del multilevel Marketing MLM, apoyado eficientemente en publicidad boca a boca y en la gratuidad de la fuerza de ventas, más un componente de lavado al convertir dólares a pesos, al parecer por la vía del contrabando o de la compra a proveedores de fuera del país y, finalmente, un eficiente aprovechamiento del efectivo.

Si se mira el negocio con cuidado y desprevención, se aprecia que fue fraguado astutamente entre los resquicios legales, y que no está clara la solución a tamaño problema. Algo ayudaría la ley de alivio a los morosos, en trámite en el Congreso, y aunque el Fiscal General de la Nación ha planteado la posibilidad de recurrir al Principio de Oportunidad, previsto en el Código de Procedimiento Penal, si se lograra la reparación de las víctimas a partir de la entrega de los dineros por parte de los responsables, es incierta su aplicación por la impunidad que se generaría y, además, su definición es competencia del Juez de Control de Garantías.

La propia desmesura de las ambiciones y la proclividad hacia lo fácil, ha puesto sobre el tapete, nuevamente, la evidencia de que algo anda mal en nuestra sociedad, y no se puede reducir el caso simplemente a la ingenuidad de unos y a la habilidad de los otros. También, que es preciso crear las instancias apropiadas para estimular el ahorro y una rentabilidad adecuada a las pequeñas sumas de dinero que maneja la mayoría de nuestra población, que nunca ha sido motivo de interés para el sistema bancario nacional, concentrado solamente en el crecimiento de su rentabilidad y con unos servicios exageradamente costosos.

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