jueves 25 de junio de 2020 - 12:00 AM

Administración de riesgos

La mejor prueba de que no administramos los riesgos es la ausencia total de protocolos de acción para casos como el que vivimos en nuestros días y los palos de ciego bajo el método de prueba y error que han aplicado
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Columna de
Alvaro Ordoñez

Riesgo es simplemente algo que puede suceder, la pandemia antes de ser un hecho caótico y real era un riesgo remoto y casi imperceptible para todos nosotros. Riesgo para el común de las gentes es algo que le sucede a los demás.

Administrar y gestionar los riesgos es una de las más importantes funciones de los gobernantes, los administradores de las empresas y los líderes sociales y quizás a la que menor importancia se da. Solo cuando suceden los hechos, aparecen los desastres y sus pérdidas consecuenciales, pensamos en lo pudo haber sido y no fue, y como reza el dicho popular “después del ojo afuera no hay Santa Lucía que valga”.

La administración de riesgos es una función especializada, abarca todos los ámbitos, el riesgo estratégico del negocio, el reputacional, el legal, los riesgos físicos, laborales contractuales etc, nace del conocimiento de cada uno de ellos, de la medida de su probabilidad de ocurrencia y de la capacidad de daño, pasa por las medidas necesarias para disminuirlo o incluso controlarlo y termina en el análisis de ceder o retener. La mejor prueba de que no administramos los riesgos es la ausencia total de protocolos de acción para casos como el que vivimos en nuestros días y los palos de ciego bajo el método de prueba y error que han aplicado los gobernantes del mundo.

La responsabilidad de poder gestionar los riesgos empresariales garantizando la permanencia de las organizaciones en el tiempo es hoy una prioridad de la alta dirección, el análisis de tendencias y la capacidad para medir su incidencia en las operaciones y compromisos, la adaptación a los mercados, el control de la influencia de los poderosos económicamente, hablándole a un consumidor teóricamente más informado, pero atiborrado de falsas noticias y verdades a medias, en un mundo lleno de anti valores, debe llevarnos a encontrar el equilibrio y la coherencia en la acción personal e institucional.

Seguramente del análisis de nuestros riesgos llegaremos a la conclusión de que un decálogo de buenos procesos económicos, sociales y laborales, basados en sanos valores éticos, sean la mejor manera de garantizar la trascendencia y fortalecimiento de las empresas.

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